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Piedra lunar

Las Palmas s. XIX (El Museo)

Tuvieron suerte las islas, Tenerife y Gran Canaria esencialmente, de que a mediados del XIX se generara un 'movimiento cientifista' que se apoyó en el discurso científico para provocar el debate en un contexto que evidenciaba la falta de progreso social y el apego a la tradición. Este hecho, aunque protagonizado por círculos muy reducidos, no surge de la noche a la mañana, sino que hinca su mirada en las corrientes ilustradas del XVIII y especialmente en la figura de Viera y Clavijo. Una exhaustiva explicación de este proceso lo aporta Mari Carmen Naranjo Santana en su libro Cultura, ciencia y sociabilidad en Las Palmas de Gran Canaria en el siglo XIX (Mercurio editorial, 2016), en el que explicita cómo las islas estuvieron en el objetivo de los científicos europeos que, con la mirada externa de observación de la realidad isleña, dejaron aquí su huella. Tal vez fue Humboldt quien, como referente de prestigio, incitó al cambio en el análisis de una realidad que propiciaba la transversalidad disciplinar, desde la geografía a la antropología, botánica, arqueología y etnografía. A Humboldt siguieron otros científicos que recalaron en el Archipiélago. Los ilustrados canarios supieron quitarse la caspa que arrastraba una tradición marcada por el Antiguo Régimen. Y tanto el nivel ideológico enmarcado en diversas corrientes de pensamiento (masonería, laicismo, racionalismo, darwinismo), como en la activa práctica de creación de tertulias y gabinetes, dieron un giro copernicano al devenir insular. En este sentido, la creación del Museo Canario fue, entre otros cenáculos (Real Sociedad Económica y Gabinete Literario) la ventana por la que entraba aire fresco a una sociedad anclada en principios eclesiales. Es evidente que los cambios ideológicos son lentos y no llegan a todas las capas sociales desde el momento en que afloran. Pero sí es preciso que estén cimentados en unos referentes que ejerzan el liderazgo. En Gran Canaria no existía en el XIX una institución universitaria en la que pivotara la generación de conocimiento. Por ello, los círculos culturales y algunos profesionales isleños que tuvieron la oportunidad de estudiar en Europa, principalmente en Francia, se ocuparon, no sin obstáculos, de crear el espacio de las ideas científicas liberales a partir de gabinetes, círculos, tertulias y foros que significaban un avance en la interpretación del mundo. Por su parte, la presencia de viajeros europeos que se asentaron en las islas fue un faro que orientaba en medio de un mundo marcado por la tradición. Y aunque los movimientos de la investigación científica, sobre todo en los ámbitos de las ciencias sociales y antropológicas actualmente han tomado derroteros insospechados y se enriquecen constantemente, revocando teorías y construyendo otras desde nuevas perspectivas, la presencia en el XIX de personalidades como Sabino Berthelot o el Dr. Verneau supuso el combinado de las diversas disciplinas a la hora de enfocar sus reflexiones. El Museo Canario nació con ese espíritu, siendo el Dr. Chil un avanzado para su época.

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