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Cien líneas

No coló

Las fuerzas armadas de Colombia, con ayuda de EE UU, pueden acabar con las FARC en quince días. No exagero. Recuerden aquella operación "Tormenta del desierto" contra el ejército de Saddam Hussein, el sexto del mundo. Lo liquidaron en 72 horas. Como aquí, la Guardia Civil puede acabar con la ETA en una semana. Y que no aleguen fantasmagorías tal que esa selva colombiana porque gracias a las nuevas tecnologías los narcoguerrilleros, aún escondidos en lo más profundo de la madre naturaleza, están localizados uno a uno y con un error de más menos cinco metros. Lo que ocurre es que desde Westfalia las victorias son tan problemáticas como las derrotas. Mejor mantener el estatu quo, bajo presión, claro, y en tal escenario establecer peque- ñas ventajas. O no tan pequeñas. Está muy bien explicado en el último libro de Kissinger. Los ciudadanos, que no saben de las sutilezas de Mazarino y sus epígonos, votaron a favor de la dignidad, de la justicia y de la libertad en el referéndum del pasado domingo. Nueva prueba, tras el Brexit, del abismo entre la gente y la casta. Leo en la red: "¿Dejan las armas? No. ¿Pagan con cárcel? No. ¿Devuelven la plata? No. ¿Piden perdón? No. ¿Reparan a las víctimas? No. ¿Dejan el narcotráfico? No. ¿Serán extraditados? No". Pues no. Santos se acogió al mantra de la paz como en su día Franco o, también, Stalin y sucesores: en la URSS existía, atención, un Ministerio de la Paz. Típica salida de pata de banco que ya no cuela. Ni siquiera en Ferraz se atreven a crear una vocalía pacifista

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