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Los hijos del PSOE

Los socialistas ya han redefinido su posición respecto hacia el PP con una abstención para dejar paso a Rajoy, que no es apoyo pero sí es vínculo, inevitable o reprochable, según quien juzgue. Ahora tendrán que resolver el lugar que van a ocupar respecto a Podemos, el otro referente que viene condicionando su posición desde sus tiempos emergentes, pero de forma más acuciante en los últimos doce meses. Si recolocarse frente al PP abrió en canal al partido, la posición futura ante la formación morada determinará ahora la deriva ideológica de los socialistas. Quizá sea un proceso menos dramático que el vivido en los 29 días de octubre que van de la caída de Pedro Sánchez a la abstención ante el candidato popular, pero de mayor trascendencia para el PSOE y definitorio de la estrategia con la que los socialistas aspiran a retornar alguna vez al poder.

Sánchez era ya un personaje incómodo para el sector que se ha hecho con las riendas del partido. Ahora lo es más por el temor de su posible resurrección triunfal. Las palabras del 'barón' Lambán sugiriendo que "se retire con dignidad" muestran ese miedo a la capacidad del ex secretario general para aglutinar el descontento, algo que todavía es una incógnita. En un país en el que el problema del envejecimiento se agrava con la resistencia de algunos a retirarse, habría que preguntarle a Lambán -quien gobierna gracia a Podemos y tiene el "no es no" es su propia federación- por qué no se atreve a recomendar lo mismo a otros significados antiguos líderes del partido, que intervienen en sus asuntos internos desde fuera y rehuyen el sitial que para siempre tienen reservado en el comité federal. Ausencias que definen la distancia insavable de los González y compañía no ya respecto a la realidad de su país sino también a la de su propio partido.

El rearme del sanchismo encuentra en el replanteamiento de las relaciones con Podemos un argumento diferenciador y de ruptura. El inconveniente es que los socialistas tienen la misma variedad de visiones del partido de Iglesias que aquellos ciegos que intentaban descifrar lo que es un elefante: el proboscidio era la parte que les había tocado palpar, en unos casos un colmillo, en otros una pata inabarcable y así hasta componer un animal irreconocible.

El elefante morado tiene ya de por sí una forma difusa, que va desde la militancia con sobrecarga ideológica y radicalidad antisistema hasta el más simple de los analfabetismos políticos, por localizar los dos extremos. Pero entre los socialistas además domina la ceguera respecto a quienes tendrían que conocer bien. Parece haberse levantado la veda para hablar de coincidencias que abrirían algún cauce de entendimiento, algo que niegan quienes han chocado con la cara más inabordable de los de Iglesias. Otros, como Borrell, habla de un Podemos con vínculos más estrechos con el PSOE, al que, sostiene, no hay que temer porque es dónde ahora están los hijos de los socialistas que tanto echan en falta la ausencia del partido de sus padres en el activismo ciudadano con el que otro hicieron frente a la crisis. Desde esa perspectiva, la relación de los socialistas con Podemos consistiría en recuperar a esos hijos pródigos. Sin embargo, para ello la casa familiar tendría que ser otra muy distinta de la de ahora.

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