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Entre bastidores

Calla, pueblo, calla

Se define la aristocracia como la forma de gobierno en la que el poder está en manos de un pequeño grupo de privilegiados.

Se supone que las revoluciones democráticas han librado a Europa occidental de regímenes aristocráticos, pero desde el interior mismo de la democracia y en su nombre, está en marcha una ofensiva descarada para la lograr la aceptación popular de una nueva aristocracia, esta vez integrada por los jerarcas y cuadros de partidos e instituciones, acogidos al concepto clásico del "gobierno de los mejores (aristos)", en oposición a la democracia o "gobierno del pueblo (demos)".

El razonamiento es simple: las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen y el pueblo no está preparado para tomar según qué decisiones. Se supone que la gente, en general, no somos lo bastante listos, pero la fortuna nos ha concedido el precioso don de contar con unos expertos y unos dirigentes profesionales que sí son listos y están bien informados. Deberíamos dejar que decidieran tranquilos.

La campaña a favor de este "gobierno de los mejores" se ha puesto las botas con algunos de los últimos referéndums, como el del acuerdo de paz de Colombia y el del Brexit. Este último, especialmente, se ha descalificado por la suposición de que los comentaristas españoles saben lo que conviene a los británicos mejor que los propios isleños.

Es irritante ver como algunos cerebros orgullosos de su sabiduría, encantados de haberse conocido, descalifican la voluntad popular que no coincide con los sus sermones.

Naturalmente, la refrendofobia es muy útil para combatir desde dentro el "derecho a decidir" en Cataluña, pero sin el "tema catalán" también existiría.

Sólo hay que ver lo que ocurre en el PSOE: la aristocracia en el poder, concilio de barones de feudos territoriales, no concede ningún valor al derecho a decidir de los militantes, cuya opinión sólo admiten debidamente una mediatizada por los laberintos de la estructura orgánica. "Que voten los militantes va en contra de la esencia de la democracia ", dijo Rodríguez Ibarra.

Los militantes eligieron Pedro Sánchez pero los aristócratas le han liquidado, o eso esperan haber conseguido. Y ahora se dirigen a dinamitar las primarias. Nada de plebiscitos, ni en el partido ni en el país. "La gente responde a preguntas distintas a la formulada", afirman los enemigos de las consultas. ¿Y a qué responde la gente cuando elige papeleta en unas elecciones?

Pero este es otro tema, para otro día.

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