El dicho se suele invocar ante un eventual cambio de situación o la remoción de alguien con rango jerárquico o que ostenta facultades decisorias o de mando (el ejemplo más propio es el de los cargos de responsabilidad política). Se intuye de este axioma en forma de oración comparativa un conformismo pertinaz frente a una situación dada. Como si viniera impuesta casi por imperativo del destino. Lo que relega la actitud de cautela extrema a una posición que podríamos calificar de 'conservadora'. Sugiere el adagio que ante la incertidumbre del cambio, mejor abstenerse de promoverlo y estar a lo ya existente por ser conocido, pues lo que está por venir, puede ser peor. Aunque de ello tampoco se tenga la certeza. Por eso, aun cuando lo que está por acontecer pueda implicar un notable mejoramiento, más vale dejar las cosas como están y no aventurarse, por si acaso...

Toda decisión implica una renuncia y un riesgo, en cuanto plantea opciones diversas ante las que necesariamente debemos renunciar a unas a favor de otras, a veces antagónicas. La máxima advierte que en tales casos es mejor estar en el terreno de lo conocido, en esa zona de seguridad que es la sensación que nos proporciona lo que resulta familiar, aunque esta sea peor de la que pueda depararnos el futuro. Aun cuando nuestra celda sea pequeña, húmeda y oscura, mejor aquí -en el territorio doméstico de lo habitual- que fuera, donde no se sabe con lo que te vas a encontrar. Puede que lo desconocido resulte más confortable, pero mejor no arriesgarse. Esta parece ser la lógica del razonamiento contenido en el dicho.

También se infiere de ello cierta suspicacia o desconfianza, cuando no animadversión, hacia los núcleos de poder o jerarquías, por cuanto no auspician demasiadas esperanzas a un cambio favorable, hasta el punto de preferirse restar en lo permanente e inmutable de situaciones, aunque sean perjudiciales. Se suele añadir en ocasiones aquello de: "al menos, este ya sabemos de qué pie cojea..." Como confirmando que el defecto del conocido ya lo sabemos, del que venga, no se sabe...