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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Escribir antes del momentazo

Me he ido a la cama con la incertidumbre como ruta, consciente de que unas horas después voy a mirar el móvil y me voy a encontrar con el ganador de las elecciones de los Estados Unidos en la pantalla. Quizás la demanda sea un artículo fluorescente sobre qué nos depara el mundo con Trump o Clinton a partir de ahora, pero aquí sólo quiero referirme, lo siento, al momentazo en que una pestaña se separa de la otra para ver cuál ha sido el resultado. Al contrario que otros, he decidido irme a la cama sin ambición alguna por seguir el minuto a minuto mientras mastico una hamburguesa, pienso en el hall del Waldorf Astoria o me recreo en tomar una cerveza mexicana en el Grenwich Village. Es verdad que a cada uno, mientras se le separan los párpados, se le abre un abismo al ver en el terminal quién ha sido el ganador. Espero, de todas todas, que la victoria sea para Hillary Clinton, porque si es para Trump volveré a cerrar la piel ocular, apagaré el móvil y pensaré en la película Un monstruo viene a verme. ¿Cómo será el desayuno? Es la pregunta clave de alguien que quiere conservar el establishment, que es ser progresista frente a la locura. El pan con aceite, o lo que sea, será una bomba si el planeta se despierta perplejo, asombrado, con una victoria de Trump. No tenemos que pensar en clave autóctona, en lo que nos incumbe tierra adentro, sino en la portentosa sacudida, en el terremoto que va a ir de una cancillería a otra cuando la fiera vea que ya no está enjaulada. Momentazo, pues, a las tantas de la madrugada, en el segundo en que en el sueño profundo se produce una conexión nerviosa con algo que está pendiente de resolver: ¿Trump? ¿Clinton? Puedo hacer el ridículo, o equivocarme como tantos que ahora yerran, pero espero, es más, estoy seguro, de que la candidata demócrata va a ganar. Incluso estoy dispuesto a garantizarlo, y si no pasaré a formar parte de la tropa atónita que aún no acaba de entender cómo la pantalla del móvil no acertó a exclamar lo deseado: ¡Gana Clinton!

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