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'El arte de la meditación. La aventura del silencio interior'

Meditamos para vivir

Cuando una conferencia supera todas las expectativas de aforo , entonces se puede decir que comienza con buen pie. Eso fue lo que sucedió con la que impartió el pasado martes el sacerdote, escritor y miembro del Consejo de Cultura del Vaticano Pablo D'Ors, titulada El arte de la meditación. La aventura del silencio interior, como parte del IV Memorial José Alonso, celebrado en la Sede Institucional de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Francamente no se esperaba menos de un autor que ha convertido su libro sobre la meditación Biografía del silencio en un auténtico bestseller, pero ver que no sólo el Aula de Piedra del rectorado, donde estaba programada la conferencia, se quedaba pequeña, sino que una multitud llenaba el Paraninfo demostraba la veracidad de la afirmación del escritor francés André Malraux, de que "el siglo XXI será espiritual o no será".

De este modo comenzó una breve presentación del ponente por parte de los organizadores del Aula Manuel Alemán a la que siguió la conferencia. Pablo D'Ors rompió con todos los tópicos que cosifican este tipo de eventos abandonando la mesa en la que se encontraba y sentándose en una silla cerca de los oyentes. Tras este acercamiento preguntó: "¿Cómo estáis?" Era evidente que lo que venía a continuación no iba a ser la habitual conferencia a la que estamos acostumbrados.

Pablo D'Ors dijo que había venido a compartir una pasión contemplativa, y bromeó con que desde que publicó Biografía del silencio no había dejado de hablar, pero que el silencio y la palabra son dos caras de la misma moneda, porque toda palabra que no viene del silencio son palabras vanas mientras que por el contrario la que nace de donde debe es creadora.

Así articuló la conferencia alrededor de tres preguntas: ¿Para qué meditamos? ¿Cómo meditar? ¿Qué sucede cuando se medita? La respuesta a la primera vino a través de cinco puntos: el primero afirmaba que meditamos para conocernos a nosotros mismos, porque para conseguir esto último no basta con reflexionar, lo cual es una vía analítica, sino que se debe seguir la vía meditativa del silencio y la síntesis. D'Ors aseguró que cuando se consigue los resultados son increíbles pero a pesar de ello advirtió que no quería hacer un mito de la aventura interior. La segunda respuesta era que meditamos para amarnos a nosotros mismos, porque un problema de la civilización cristiana es que ha insistido en amar a los demás, pero para conseguirlo primero se debe amar a uno mismo, porque nadie puede dar lo que no tiene. En el tercer punto afirmó que cuando se ha conseguido el anterior, entonces la meditación nos hace amar realmente a los demás. Con esto llegó al cuarto, en el que afirmó que meditamos para vivir, por eso advirtió que la meditación es un espacio de gratuidad, no se le puede buscar rendimiento, porque entonces se vuelve artificial. El quinto punto supuso la conclusión de las respuestas, en la que declaró que solo a través del silencio se conoce a Dios, porque toda afirmación de Dios que no parte de la vida es doctrinal, ideológica y por lo tanto no transforma a quien la oye.

A la pregunta de cómo meditar recomendó insertarse en una tradición para evitar perderse y él se centró en la de los padres y madres del desierto, la corriente espiritual más importante del cristianismo. El método del que habló fue muy sencillo, basado en tres palabras: respiración, corazón y mantra, este último en referencia a la jaculatoria que sirve como instrumento para limpiar la mente, recitando atenta y amorosamente una palabra, con lo que se consigue aquietar la mente, como una escoba que barre los pensamientos.

A la tercera pregunta, ¿qué sucede? se limitó a explicar las tres vías de la mística: purgativa, iluminativa y unitiva.

De esta forma concluyó una conferencia que no dejó a na- die indiferente, demostrando la gran necesidad que la sociedad moderna y secularizada tiene de la fe.

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