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Papel vegetal

Cuando los ciudadanos desconfían de Bruselas

Deben gobiernos y parlamentos nacionales dar carta blanca a la Comisión Europea para que negocie en su nombre tratados de comercio e inversiones que afectarán a la vida diaria de los ciudadanos?

Ése y no otro es el trasfondo de las dificultades que ha encontrado en el último momento el tratado de libre comercio e inversiones con Canadá, conocido por las siglas inglesas de CETA.

En los países donde, a diferencia de lo que ocurre aquí, esos asuntos se debaten vivamente en sus Parlamentos nacionales, se trata de una cuestión cuando menos controvertida.

Es cierto que la negociación de ese tipo de acuerdos es tradicionalmente competencia de la UE y no de los países miembros, pero los ciudadanos han aprendido a desconfiar de una globalización que sólo parece generar desigualdad e inseguridad.

Hay en la lista de espera más de una treintena de acuerdos similares al negociado con Canadá, y lo ocurrido con éste no inspira precisamente tranquilidad.

Sobre el papel, todo está bien regulado: el Consejo Europeo da un mandato negociador a la Comisión y el Parlamento de Estrasburgo se pronuncia al respecto.

Pero como explica el historiador holandés Luuk van Middelaar, si antes todo se justificaba por el beneficio económico que cabía esperar de un acuerdo, hoy eso no basta: la gente teme "perder su identidad",

El problema, señala el semanario Der Spiegel, es que la maquinaria bruselense no parece precisamente la más adecuada para generar confianza en unos ciudadanos preocupados por el desempleo y la obsesión privatizadora de la UE.

Esa desconfianza ciudadana es una de las causas del para muchos todavía incomprensible Brexit, pero también de la resistencia del Parlamento de la región belga de Valonia a aceptar el CETA sin exigir a cambio garantías.

Y si la Comisión Europea se ha querido aferrar hasta el último momento a los tribunales de arbitraje privados para las disputas entre Estados e inversores es porque el CETA debe servir de modelo para acuerdos similares, según opina el eurodiputado alemán Fabio De Masi.

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