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Un trozo de noche y música

Al escribir estas líneas, la voz cavernosa de Leonard Cohen suena en mi reproductor de cedés portátil. En momentos como este, en el que el pesimismo se revuelve como un toro, brama, ruge, y muestra a una humanidad hastiada de las guerras, las revoluciones, las mentiras, las persecuciones, la corrupción, la política, quisiera, más que nunca refugiarme, en ese trozo de noche y música que son las canciones del poeta y cantautor canadiense: "Todo el mundo sabe que los dados están cargados / Todo el mundo lanza con los dedos cruzados / Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado / Todo el mundo sabe que los buenos perdieron / Todo el mundo sabe que la pelea estaba amañada / Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos / Eso es lo que pasa / Todo el mundo lo sabe".

Todo el mundo lo sabe, pero lo que no sabíamos era que el autor de Everybody knows estaba enfermo, o al menos que había llegado para él "ese tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto", como le escribió a su amiga Marianne Ihlen (la misma que le inspiró en 1967 la canción So Long, Marianne), fallecida el 28 de julio de este año. De lo que podemos estar seguro es de que ningún cantautor ocupará su lugar. Y si alguno lo hiciera, seguramente pasará tiempo hasta que pueda salir del todo de la senda marcada por el autor de Hallelujah, Suzanne o I'm your man.

Sobre la genialidad de Cohen se ha dicho de todo. Y es posible que de no haber sido por Bob Dylan (Dylan es mucho Dylan), el premio Nobel de Literatura de 2016 le hubiera correspondido a este hacedor de versos místico, profano, obsceno, sarcástico, osado, que a cualquier otro poeta le llevaría media vida componer. Cohen nunca se encontró cómodo en la figura de gran artista: "Los grandes pasan / pasan sin tocarse / pasan sin mirarse / cada uno sumido en el gozo / cada uno en su fuego / No tienen necesidad / el uno del otro / tienen la más profunda de las necesidades / Los grandes pasan / Registrados en algún cielo múltiple / grabados en alguna risa sin fin / pasan como estrellas de diferentes estaciones / como meteoros de diferentes siglos".

El pasado 21 de octubre, Cohen sacó su decimocuarto álbum de estudio. Lo primero que choca, y digo choca por no decir impacta, es su título: You Want It Darker [Lo quieres más oscuro], compuesto por nueve canciones (You Want It Darker, Treaty, On the Level, Leaving the Table, If I Didn't Have Your Love, Traveling Light, It Seemed The Better Way, Steer Your Way, String Reprise / Treaty) donde la sinceridad se palpa y lo eterno transpira: "Dejo la mesa / me salgo del juego / no conozco a la gente / que aparece en tu portarretratos" (De Leaving the Table). En You Want It Darker, Coen atrapa esas últimas sombras que le persiguen para crear con ellas una ceremonia del adiós que pide una larga ovación. Bravo, bravo y bravo. Hasta siempre.

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