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Inventario de perplejidades

La lógica del "continuismo"

En algunos sectores de la opinión publica ha decepcionado que el nuevo gobierno del señor Rajoy se parezca bastante ( ideológicamente hablando, claro) al último de los que formó. Dado que lidera una mayoría minoritaria en el Congreso y precisará de mucha mano izquierda para mantenerse a flote se esperaba del político pontevedrés que escogiese como ministros a personas con un talante abierto, probada capacidad de dialogo y a ser posible más jóvenes que los anteriores. Y se daba también por hecho que prescindiría de aquellos que le comprometieron mas de una vez con iniciativas desafortunadas o con declaraciones extemporáneas , como Fernández Díaz, en Interior, o García Margallo en Asuntos exteriores. De otros parecidos como Wert, Educación y Cultura, Soria , Industria, o Cañete, Agricultura, ya se había librado en crisis anteriores. Una vez hecha pública la lista , los medios coinciden en calificar al nuevo gabinete de "gobierno continuista" . ¿ Y que otra cosa podría ser?. El "continuismo" estaba asegurado desde que el señor Rajoy fue investido como presidente de gobierno y lo verdaderamente sorprendente seria que no lo fuera. Yo no conozco a los nuevos ministros y fuera de la reseña biográfica que facilitan los periódicos, no pudo aventurar si serán o no más dialogantes que los anteriores. En cualquier caso, el que marca el rumbo político es el presidente y no se ven las razones por las que tendría que enmendarse la plana a si mismo haciendo lo contrario de lo que hizo en la antepenúltima legislatura. Especialmente cuando está convencido ( supongo) de que lo hizo bien y además fue aplaudido por la Unión Europea y la señora Merkel. Cuenta para esa misión continuista con Ciudadanos y hasta es posible que cuente también con apoyos puntuales en política económica por parte del PNV y hasta del PSOE que necesita de un tiempo para encontrar un nuevo líder y renovar el vestuario ideológico que se le apolilló en el armario. Analizar la lista de los nuevos ministros y deducir de ella algunos cambios de orientación en la política del gobierno, es un entretenimiento que hemos heredado del franquismo cuando el sátrapa hacía equilibrios y repartía dádivas entre las familias que apoyaban a la dictadura. Unos reconocimientos que se otorgaban por sorpresa y se retiraban también por sorpresa mediante un cese que llevaba un motorista desde el palacio del Pardo. Por lo que he leído en la prensa, el señor Rajoy hizo algo parecido y mantuvo en la ignorancia a los elegidos hasta poco antes de hacer público el listado. Una reserva que llegó al extremo en el caso del nombramiento de la única ministra catalana que recibió la noticia por repetidas llamadas a su teléfono móvil mientras asistía al entierro de una intima amiga suya . La buena señora ,que estaba llorando, se cuadró y aceptó la alta responsabilidad con sentido patriótico. ¿Quién rechaza en España ser ministro aunque sea de algo de lo que uno no sabe casi nada? Las escenas de toma de posesión de los nuevos nos proporcionaron el dato emotivo de la llantina del exministro del Interior , señor Fernández Díaz, que al parecer esperaba su nombramiento para otra cartera coincidiendo con la noticia de un nuevo descabezamiento de la cúpula de ETA. La política es desagradecida

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