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CRÍTICA Concierto de cámara

Gabriel Rodó en el gabinete literario, 60 años después

Digno de rememorar es el recital ofrecido el viernes 11 de noviembre por el Trío Gabriel Rodó en el Gabinete Literario de Las Palmas, un acto cultural muy singular por el programa ofrecido. En él se reestrenaba, después de 60 años de su primera ejecución absoluta en el mismo salón del Gabinete, la gran Sonata para Violín y Piano del entonces director de la Orquesta de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas, Gabriel Rodó, quien presta desde hace pocos años su nombre a este trío de jóvenes intérpretes de gran competencia musical. En aquella ocasión, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, ejecutó la parte de violín nuestra veterana amiga Mari Carmen Pulido, en vísperas de saltar a la Península como violinista profesional (acabó ejerciendo como tal en la orquesta sinfónica de la RTVE), siendo acompañada al piano por el propio compositor de la obra.

Nos encontramos, pues, ante el hecho de 'revisitar' aquella música perdida en nuestra memoria y que tanto nos impresionó entonces. Asistimos a una ejecución llena de frescura y energía, con una parte de violín muy difícil por sus melodías audaces y sonidos abigarrados en dobles y triples cuerdas, así como por sus arriesgadas tesituras, con una parte de piano de enérgico e insistente discurso. Tres movimientos amplios e interesantes, en un lenguaje posromántico con claros apuntes impresionistas y de tonalidad ampliada, que hicieron vibrar nuevamente al público asistente a esta ejecución.

Pero es más. Se hallaba presente Ramón Rodó Sellés, el hijo menor del maestro, en aquellos tiempos viola de la orquesta, pianista y sostenedor de orquestinas de baile que le hicieron medrar hasta establecerse años después en Barcelona desempeñando cargos y funciones relacionadas con la música que enriquecieron sobremanera su personalidad. El joven Trío Gabriel Rodó estrenó en este concierto dos tríos de Ramón, sus Op. 12 y 14. El primero es un compendio de incursiones en cuatro diferentes lenguajes musicales: lo criollo sudamericano en el primero; el duende contenido en el desarrollo de una seguirilla flamenca en el segundo; el tercero, llamado Afortunadas, visita la esencia del folklore canario de una manera estilizada y muy sutil, y el cuarto, llamado Céltico, es un vibrante y vertiginoso discurso que recuerda los bailes de vaqueros en el oeste americano, que es hasta donde llegaron los patrones musicales de esta animada música de rápidos tresillos. Un trío inteligente, audaz y cargado de humor, cosa rara en la música contemporánea, sobre patrones melódicos recios y armonías cambiantes y ricas, muy abiertas. El segundo trío está compuesto con una ambición menos rememorativa, más en consonancia con la abstracción contemporánea, y muy posmoderno en el empleo de consonancias y ritmos enérgicos y persistentes, a veces al estilo de los patrones del minimalismo americano (lo que se aprecia también en el primer trío).

Triple sorpresa, pues, las que nos ofreció el Trío Gabriel Rodó, con esta oferta singular de novedades, que fue precedida, en la primera parte, por dos obras históricas interpretadas con sumo arte y gran solvencia: el Trío nº 2 Op. 76 de Joaquín Turina, que nos introdujo en el nacionalismo español andalucista del primer tercio del siglo XX, cargado de la sabiduría compositiva adquirida por el compositor en Francia, y el Intermedio de Goyescas de Granados, con motivo del centenario de su óbito, en la interesante versión para violonchelo y piano que difundió el recordado violonchelista Gaspar Cassadó.

Magistrales fueron las interpretaciones solísticas de Liliana Mesa (violín) y de Pilar Bolaños (violonchelo) así como la conjunción del trío con la participación de la pianista Ana Marrero. Tres jóvenes intérpretes que están realizando una labor cultural de recuperación, estrenos y difusión de repertorio camerístico digna de todo encomio y apoyo. Cosecharon largos aplausos, que se extendieron a Ramón Rodó, presente en el acto, quien se dirigió al público al final para dar las gracias al Trío por haberse acordado de su padre, por haberle estrenado sus dos tríos con la perfección con la que lo hicieron, y al público por su calurosa acogida.

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