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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

El vuelo de los ratones

En una fotografía de Juan Negrín y su equipo del Laboratorio de Fisiología de la Residencia de Estudiantes de Madrid posa, junto a ellos, un señor del que todo el grupo depende: se trata del buscador de ratones, de un habilidoso olfateador de roedores cuyo trabajo permite a los investigadores experimentar. Sin él, los laboratorios de la institución no podrían seguir adelante, se quedarían en dique seco para inquietud de un país que trataba de sacar la cabeza en el ámbito científico. Doctores de la II República, con Ramón y Cajal como referencia, trabajaban de manera ardua para conseguir el objetivo. El hombre que localizaba los ratones también formaba parte del entramado, era imprescindible. En realidad, los ratones siempre han estado apegados a la precariedad científica española: en literatura, Luis Martín Santos bajó con su novela Tiempos de silencio hasta la impotencia del investigador nacional de los cuarenta, rodeado de carencias y de ratas traídas desde los Estados Unidos que no procreaban para mayor desgracia científica. Muchas décadas después, pero con la ciencia igual de anoréxica por falta de presupuesto, ocurren situaciones de similar potencia, muy unidas a esa invisibilidad que afecta al investigador nacional, siempre arrastrando el desafecto social y político. Ahora se trata, como corresponde con los tiempos, de relevantes compañías aéreas dispuestas a frenar el traslado de ratones a Canarias con justificaciones de poco empaque. Creo que la ética del hombre que buscaba los roedores de la Residencia de Estudiantes era más elevada que la de estos grupos económicos, o al menos era más consciente de la importancia de su trabajo para enfermedades como el cáncer, la diabetes o para las llamadas dolencias raras. Su misión diaria era que a Negrín, Grande Covián, Domingo Hernández Guerra o Severo Ochoa no les faltase un roedor. Por lo pronto, el capitalismo de la navegación aérea no parece estar contagiado por la misma responsabilidad. Temen que huelan el queso y se hagan con el control del vuelo.

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