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Inventario de perplejidades

Importancia del contacto físico

Cuando se acaba un año y empieza otro es tiempo de cerrar balances (espirituales y contables) y hacer previsiones. Estos días han coincidido en esa tarea el papa Francisco y el tenista Andre Agassi al hacer una reflexión sobre la importancia del contacto físico en las relaciones humanas. El Papa lo planteó en la ocasión solemne de la misa de año nuevo en la Basílica de San Pedro en el Vaticano y el tenista en el espacio, más intimo, de una entrevista de prensa. Según Jorge Bergoglio la orfandad espiritual que padece el hombre moderno viene dada por el debilitamiento del sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a una tierra y en definitiva a Dios. "La pérdida de los lazos que nos unen, típica de nuestra cultura fragmentada", dijo, "hace que crezca ese sentimiento de orfandad, y por tanto de gran vacío. Y la falta de contacto físico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones haciéndoles perder la capacidad de la ternura y del asombro, de la piedad y de la compasión". Una sensación angustiosa que comparte Agassi cuando al ser interrogado sobre la soledad del tenista en comparación con otra clase de deportistas dice lo siguiente: " Sí, porque al menos en otros deportes puedes hablar y comunicarte. No estás apartado. El tenis es no hablar, es silencio. Hay un campo de separación entre tú y tu rival, pero al mismo tiempo estás muy conectado a él por mucho que no puedas tocarle, ni olerle, ni siquiera oírle respirar". La descripción que hace Agassi del deporte que le dio fama y dinero es de una gran plasticidad literaria. Y de una gran exactitud también. Porque, efectivamente, los tenistas son dos gladiadores que intercambian pelotazos separados por una red que les impide acercarse al contrario e invadir su territorio. Algo que no ocurre en la mayoría de los demás deportes, que son obligadamente de contacto físico aunque se penalicen los excesos. La necesidad de contacto físico con el prójimo (en el caso del Papa) o con el adversario (en el caso de Agassi) es un interesante motivo de reflexión en una sociedad con creciente tendencia al individualismo, al entretenimiento virtual y a separar los efectos de las causas. Incluso en actos de violencia contra otros congéneres. Los pilotos de los aviones que bombardearon Dresde, Hamburgo, Tokio, Hirosima o Nagasaki no fueron conscientes de la inmensidad de destrucción y sufrimiento que provocaban en tierra. Un alejamiento moral que se resume en la frase de uno de los aviadores que participaron en los bombardeos aéreos de Bagdad durante la primera guerra del Golfo. "Es como un enorme árbol de Navidad", dijo al observar desde el cielo cómo ardían las bombas que dejaban caer sobre la ciudad en plena noche. No obstante, la necesidad de tocar y de ser tocado (en eso consiste sustancialmente el amor) admite otras consideraciones. Así, Elias Canetti dejó escrito que "nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido: todas las distancias que el hombre ha creado a su alrededor han surgido de ese temor a ser tocado". Conclusión: solo hay que dejarse tocar por quien nos gusta. O por quien lo hace para curarnos, como los sanitarios.

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