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Dos veces breve

Cambio de estado

Nunca el mundo ha sido tan líquido como ahora, cuando acaba de morir Bauman, el hombre que diagnosticó la modernidad líquida. Es como si el propio mundo se hubiera concertado, líquidamente por supuesto, para rendirle homenaje dándole toda la razón. Muchos devotos de Bauman eran líquidos casi a tiempo completo y sin un tropiezo de solidez en la sopa craneal, pero esa admiración al denunciante es otra muestra de pensamiento líquido. El autor del diagnóstico no es el inventor de la enfermedad, y que lo hiciera al acabar el segundo milenio de la era no le hace milenarista. Todo empezó antes, con el inicio, casi al unísono, del deshielo de los casquetes polares y de los bloques militares, en este caso tras la conversión del sólido muro de Berlín en fluido rosa (Pink Floyd, The Wall), y se hizo clamor cuando los bancos perdieron solidez por falta de liquidez.

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