Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

LA QUE SE AVECINA

¿Caerá Trump?

Un líder político importante debe tener dos -básicamente solo dos- habilidades: una, saber llegar al poder (la, digamos, más fácil), y otra, saber cómo gobernar bien, manteniendo ese poder; (la más difícil).

Esas dos habilidades no siempre van juntas como sí lo fueron en Willy Brandt, Nelson Mandela, F. D. Roosevelt, Olof Palme... y ahora en Merkel y Obama.

Donald Trump ha mostrado ser sobresaliente en llegar al poder. Ha revolucionado la lucha política ahora viral (nunca mejor dicho). Las reglas cambiaron, y Donald, más rápido que sus rivales, ganó las primarias de su partido, y escaló la presidencia de USA. Ahora le falta el Everest de gobernar y mantener el poder. Ahí lo tiene más bravo.

Z El maniquí maniqueo y la manija

Donald Trump hace las veces de maniquí de la extrema derecha de USA que mueve los hilos. Con órdenes ejecutivas, o sea decretos leyes (hasta que se reúna el Congreso), es egocéntrico y maniqueo: "Hay muy malos y muy buenos: y yo -sólo yo- el Donald, soy los muy buenos". Pero él no tiene la manija de la situación.

Z El libertino en su laberinto

Trump, un libertino en el uso y manejo de la verdad, está perdido en su laberinto. Algunos miembros de su gabinete no están de acuerdo con lo que hace, ni en cómo. A veces ni son previamente informados. Desde luego su equipo no está bien organizado; con -ahora- la renuncia del general Flynn, el asesor nacional de Seguridad, antes del primer mes de gobierno.

Donald recurrió a la huida hacia adelante, a la amenaza de guerra, hasta nuclear contra China. Aunque ahora se haya echado atrás al respecto como un tigre de papel. En eso se parece mucho a Hitler (en ambas cosas, las amenazas, y el apaciguamiento, como hizo con el pacto de no agresión con la Unión Soviética en 1939) con quien se lo compara, cada vez más y a veces con bastante razón, o con bastantes razones.

Z ¿Quién tiene la manija?

La manija para echar a Trump la tiene el Congreso, con mayoría republicana. Si ellos deciden echar a Trump, le hacen juicio político (impeachment), lo ganan, y lo echan.

Los intríngulis actuales de las luchas de poder entre los capos republicanos, y los intereses que representan, y Trump y los suyos -que no siempre coinciden- se me escapan ahora, pero las luchas, haberlas, haylas. Además los imprevisibles decretos del jefe le hacen perder popularidad.

Nunca en USA un presidente recién iniciado fue tan poco popular: 44% frente al 83% de Obama -casi la mitad- y los 61% y 68% de Bush y Bill Clinton (Gallup dixit).

Además la resistencia popular contra Trump se hace cada vez más fuerte, junto con la oposición frontal de los grandes medios. Es bastante probable que Trump no dure en el poder, que lo echen.

Pero el remedio sería -para nosotros- peor que la enfermedad: asumiría Mike Pence, el vice (artífice del Tea Party, el renacimiento de la extrema derecha republicana), tan o más derechista que Trump pero mucho más "articulado", sensato, astuto -hasta zorro diríamos- que él. Quizá Trump no sea el mal mayor. Y lo que se avecina si lo echan, sea peor.

Compartir el artículo

stats