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EN VOZ ALTA

Doble vara

Escribía Thomas de Quincey, en su inquietante Del asesinato considerado como una de las bellas artes, que "si un hombre se llama filósofo, y no han atentado nunca contra su vida, dudad de que lo sea". Luego, y con gran detenimiento, refiere un episodio, atribuido a Descartes, en el que describe una de las tentativas de homicidio sobre el galo, felizmente fallida. Pero, es curioso que el ensayista se exprese de manera tan elogiosa sobre la posibilidad de que un pensador sea el destino de la violencia de los enemigos de la libertad, de los intolerantes. Sin embargo, hay múltiples formas de intentar acabar con la divergencia y el disentimiento, y no sólo la física. Una de ellas, la más empleada por los arqueros de la falsía y la cobardía intelectual, es la reversión del argumento, confundir con el principio que se pretende defender. Es un arma de doble filo, por cuanto se ha de ser muy sagaz en el uso de las palabras para que ellas, precisamente, no se vuelvan contra el que las pronunció.

Dos noticias al unísono son las que sirven de demostración de esta hábil maniobra. Una es la reciente sentencia que condena a un año de cárcel al activista y cantante del grupo Def con Dos, un tal César Strawberry, por haber hecho enaltecimiento del terrorismo a través de media docena de improperios vertidos en el sumidero de la inteligencia que es Twitter. La segunda tiene por protagonista a una de las figuras más consagradas de la cretinez hispana, que se dice actor, aunque pasa los días ofreciendo continuas ofrendas en el altar de la ignorancia y la estupidez. Tanto el primero, particular ejemplo de cinismo, como el segundo, ejemplo de la nadería, son el reflejo no tanto de la escasez de pensamiento en esta España de última hora como del argumento de la doble vara de medir.

Los abogados del falso progresismo han creído ver en ambos individuos el semblante del mártir que cae en sacrificio por sus ideales, y en un alarde de ironía, nos los presentan como los genuinos luchadores por la libertad de expresión. Pero, qué poco dura el argumento del mendaz, qué breve es el recorrido de la mentira. Ni el cainita Strawberry contempla otra libertad que la suya, ni el atrabiliario Toledo dignifica la inteligencia al vomitar en las redes sociales su cólera contra una pobre joven salvajemente golpeada por los intolerantes. Época extraña esta, en la que la justicia recibe el nombre de censura y la libertad está en boca, justamente, de los que más la odian.

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