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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Juanjo Jiménez

LA MÁQUINA CHINA

Juanjo Jiménez

Periodista

Pachorra por un tubo

El Cabildo de Gran Canaria va a proceder a alicatar los túneles de la avenida marítima a su paso por el parque Santa Catalina y la Base Naval. Ya saben que estos agujeros son los que sortean las capas superiores de la capital por esa zona hurgando en ese marisco que conforma nuestro sótano urbano.

Pues muy mal. Estos tramos fueron construidos por el hombre en tiempos ancestrales con un gran esfuerzo. Fueron dos hitos de la ingeniería que en su momento atrajeron a un gran número de jubilados para alongarse a una obra que no tuvo precedentes tras cinco siglos de ocupación europea en Canarias.

Ambos túneles, para que ustedes se hagan una idea, se trataron de culminar en 2010, tras otra pella de ellos en construcción -la primera piedra la puso Pedro de Vera-, pero no fue hasta 2013, tras siglos de hormigón visto y que el charquerío que se formaba allí por el efecto capilar de la cercana marea, criara colonias de hongos, musgos, zombis, culantros y hasta plagas de cabosos, que se pudo acometer digamos, el forro de esa especie de esófago. Pero, ah, no habían pegado un azulejo, que una indisposición de la constructora, más una retranca cabildicia del anterior grupo de gobierno frenó la osadía, quedándose otros cinco años en absoluto barbecho. Si usted está leyendo esto en Helsinki hay que subrayar que estamos hablando de unos túneles en los que es posible meter el brazo por un lado y sacar el dedo por el otro, no piense que es el tuneducto italo-suizo de San Gotardo ni muchísimo menos. Es como un gua de jugar al boliche, pero para coches.

Y es ahora que lo intentan arreglar. Pero ya es demasiado tarde, amigos. Como todo patrimonio creado por civilizaciones anteriores debe ser preservado en su actual estado para que generaciones venideras conozcan los asombrosos vestigios creados por las sociedades pachorrúas.

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