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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Regeneración de órganos

Cuesta imaginarse que procedemos de una sola célula. Ahí está todo, o casi todo, para construirnos. Antes, cuando no había seres pluricelulares, la célula que se dividía daba origen a dos idénticas, salvo errores. También esa primera célula nuestra se divide en dos y esas dos en cuatro, así sucesivamente hasta crear nuestro organismo, compuesto por millones, pero no todas son morfológicamente idénticas. En casi nada se parece la larga célula nerviosa a la del hígado, por poner un solo ejemplo. Sin embargo, las instrucciones que teóricamente sirven para construirse son idénticas: es el genoma. De manera que si todo estuviera en nuestros genes, no seríamos pluricelulares. Es el medio el que nos hace ser lo que somos.

Hace tiempo que los investigadores se plantean el reto de regenerar o sustituir órganos y tejidos dañados. Hasta ahora sólo tenemos la solución del trasplante. Ya sabemos los problemas: además de la escasez de órganos, está el rechazo a lo ajeno. La idea para salvar ese obstáculo es que si todo procede de una o unas pocas células primordiales bastaría llegar a ellas y dirigirlas para que se conviertan en el tejido deseado. Y trasplantarlo. Se pensó en primer lugar emplear células embrionarias, pero cuando se es adulto y necesita ese órgano nuevo, uno ya no las tiene. El reto fue llevar a las células maduras, por ejemplo de piel, a su estado primario. Eso ya se consiguió y es relativamente simple, basta manipular cuatro genes. Parecía que con ese paso ya estábamos cerca del éxito. Pero la práctica nos demuestra que no es así. Hay muchos problemas, uno que esa células primitivas han perdido el freno y en su afán por reproducirse incluso de adultas fácilmente degeneran en cáncer. Otro, que nadie sabe qué compuesto químicos y en qué secuencia hay que añadir a ese cultivo celular para que se conviertan en el órgano deseado. Sabemos que hay unos genes que se activan sólo cuando reciben ese influjo, de manera que dirigen a la célula a su destino final: ojo, piel, músculo, vaso sanguíneo. Pero nadie sabe cuándo y cómo se hace.

Varios investigadores han diseñado estrategias para salvar ese obstáculo. Esa ciencia está a orillas del Pacífico: en California y en Japón. El grupo de Yamaguchi de la Universidad de Tokio y Nakauchi de Stanford logró revertir la diabetes del ratón mediante la inserción de glándulas pancreáticas de ratón que se hicieron en ratas.

El proceso es el siguiente. Se tomas células del ratón y se llevan a su estado primigenio, pluripotencial. A la vez se diseña una rata, mediante ingeniería genética, que sea incapaz de crear un páncreas, es decir, se anulan los genes que dan lugar a ese órgano en el óvulo fecundado. Ya cuando es embrión y le toca crear el páncreas, se le inyectan las células madre del ratón. Milagrosamente se instalan en el vacío que se crea para el páncreas e influido por ese medio se desarrollan como tal. Ahora este ser quimérico alberga en su seno un páncreas que tiene el genoma del ratón. Trasplantado a este animal es capaz de segregar la insulina necesaria para restablecer el equilibrio de la glucosa. El único problema, desde el punto de vista técnico, es que ese páncreas contiene células de rata: los vasos sanguíneos, células hemáticas, etcétera. En esos animales no fue problema, pronto se sustituyen por las de ratón.

El paso, enorme, está dado. Ahora queda saber si eso mismo se puede hacer con células humanas llevadas a su estado germinal. Ahí entra el manchego Izpisúa, investigador del Salk Institute de La Jolla, California. Él ha inyectado células madre humanas en embriones de cerdos. Allí ellas han crecido, no mucho; por ejemplo, en el cerebro apenas aparecen y eso es buena noticia. Estas dos especies están muy separadas evolutivamente, de manera que las células humanas sobrevivan en el cerdo abre un camino prometedor. Ahora queda todo por hacer. En primer lugar, diseñar un cerdo que no sepa hacer el órgano requerido. Su colega el Dr. Wu, autor de las ratas que se emplearon para hacer páncreas de ratón, espera conseguirlo en cerdos. Después, comprobar que el cerdo modificado genéticamente es capaz de crear ese órgano ausente, el páncreas por ejemplo. Finalmente, que ese órgano funcione en el receptor, donante de las células madres, y que no lo rechace debido al estroma de cerdo que alberga. He dejado fuera la cuestión ética, que tiene que ver aquí principalmente con la manipulación del cerdo, crear esos seres quiméricos, monstruos a nuestro servicio. No creo que la haya con la manipulación genética. Porque aquí se actúa sobre unos pocos genes que tienen que ver con la maduración, no se modifica el genoma, no hay un riesgo hereditario, sólo ese individuo se podría ver beneficiado o perjudicado.

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