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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Los 100 años de don Juan

Felicidades, don Juan Quesada López.

Podía haber tomado yo la palabra en el cálido y merecido homenaje que con el señor Alcalde al frente le rindió el pueblo de Gáldar, celebrando su centenario. Pero un lapsus de orden organizador hizo saltar el momento de mi intervención que no se produjo.

Como me duele el alma no haber compartido allí con la palabra ante tantos viejos amigos, y sobre todo esto de estar tan cerca de usted, como estuve centenares de otras veces hablando de cosa baladí, y marcharme esta vez con un simple abrazo sin mediar palabras públicas de admiración y mutuo afecto en horas tan importantes de su vida, me atrevo a reproducir un poco de algo de lo que iba a ser una charla allí, convirtiéndolo en pequeño artículo en este querido diario con lo que tendrá digna difusión.

Sólo cumplir 100 años estimo que ya es una conquista importante que merece el aplauso de todos, y demuestra la pasta y el armazón de quien como usted los acaba de cumplir.

Pero, don Juan, en usted veo que se agranda el mérito. Porque no ha sido como un árbol que se planta, crece, toma el sol o pasa frío esperando años y años por ver lo que viene después.

No; su vida no ha sido así... Nunca fue de los que se quedan a verlas venir. Pienso que, de haber sido, por ejemplo, pianista famoso, seguro que, una vez dominadas las teclas, no las dejaría pegadas a los dedos y en stand-by sino que hubiera buscado enseguida otra vereda, campesina o metropolitana, por la que moverse de forma independiente afanado por experimentar en lo mas diverso, ya fuera de élite o de pueblo. Y es que usted nunca fue sedentario. Hasta hace muy poco, (¡vivimos tan cerca!) cruzábamos el paseo por nuestra Calle Larga -que luce también su apellido-, presumiendo, a lo mejor, de lo viejos que somos. Recordábamos ese día (años 40 ) lances sobre la inauguración del campo de fútbol de Barrial, polvoroso y pedregoso, pero, en dimensiones, el más grande de Canarias, estando usted allí en medio como autoridad máxima en aquel momento metido en la organización. Jugaron en aquella inauguración el Marino contra el Gran Canaria, grandes equipos regionales. ¡Qué tiempos! Terminaron con empate a dos, ¡qué añoranzas, don Juan! Nadie se llevó el trofeo porque entonces no había muchas de las cosas que hay ahora, ni reposición de jugadores cuando conviene, ni alargues.

Los árbitros vestían de negro nazareno. Sería curioso recordar con calma y espacio todas las variantes. De todo aquello puede que solo se salve el pito del árbitro y sus follones, que ya vemos aun quedan.

Todavía no había nacido la UD a la que, más adelante le sirvió aquel campo para algunos entrenamientos.

Y hablamos también del Guía, San Isidro, Galdense, Tirma, Agaete... y aquel otro que fue producto de una fusión, el Unión Moral. ¡Ah! y de un recuerdo curioso de aquel empate inaugural (2-2) diciendo que los goles del Marino los consiguió Domingo (primero de la historia barrialense) y Polo, y los dos del Gran Canaria los marcó Guerra.

Yo digo y pienso, don Juan, que sus 100 años son algo más que un siglo, son el retrato de un hombre que no se paró nunca del todo, si acaso un poco, como ahora, cuando los remos le piden descanso. Lo demás fue actividad pese a que nació con todo resuelto. Corrió, calzado o descalzo, sobre tierras propias o municipales; aprendió lo que tenía que aprender, y acabó enseñando, porque fue maestro. No puso el freno ni siquiera cuando se hizo mayor, porque hasta entonces, como si fuera una diversión, de tanto querer saber, quiso saber más de todo lo del ser humano y sus dolencias, y no sólo por fuera sino también por dentro de su cuerpo. Por eso fue que entre ejercer de maestro de los de entonces, oler la yerbilla de los riegos y exprimir esencia de conocimiento a su cerebro privilegiado, mereció y obtuvo, ¡cuando ya peinaba canas! la titulación de médico.

Con todo ese cóctel de humanidad, inteligencia y voluntad, se dio un paseo hasta por la guerra y cuando ésta terminó, como quiera que continuaba sin ser sedentario, siguió moviéndose y acabó siendo el primer grancanario elegido como senador en las Cortes españolas. ¡Qué raza la suya! Aún no ha parado. El pasado día 11 cumplió 100 años y el Ayuntamiento de la ciudad de Gáldar le rindió este viernes merecido homenaje en el Casino, al que fue.

No será marcando el paso como quisiera, pero ¡iré al casino aunque sea en silla de ruedas!- dijo el centenario. Y en silla de ruedas fue.

¡Así son las cosas! Le pasó como a mi. Quise rememorar ante él, junto a éstas, otras muchas cosas del pasado contándolas de palabra, y no pude, aunque, querido amigo de los 100 años, si aunque sólo sean unas pocas como éstas se escriben contadas están. Y como ve escritas quedan ¡¡pues no faltaba más!!

¡¡Feliz centenario, don Juan!!

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