Mañana se cumplirá un año más (134) de la vida de este Puerto, ya no como un fondeadero natural, sino como un puerto que desde finales de siglo XIX empezó a contar con obras marítimas. Ayer, Puerto de La Luz (puerto de refugio de interés general; Ley 27 de abril de 1882) hoy, Puerto de Las Palmas; puerto comercial de reconocimiento internacional. Además de ese reconocimiento internacional, también ha tenido y tiene este puerto un reconocimiento local que, según etapas de su historia, se ha venido expresando de diversas formas y con mayor o menor respaldo.

No cabe duda de que este Puerto ha sido y es la entidad que mayor desarrollo y protagonismo le ha dado a esta ciudad. Así lo han venido describiendo diversos autores en una amplia gama de publicaciones: tesis, libros, artículos, ponencias, e incluso en algún que otro poema. Por tanto, sobran más comentarios sobre su importancia y protagonismo. No obstante, sí cabe resaltar que, desde las últimas décadas, el Puerto de Las Palmas ha perdido protagonismo con respecto a la ciudad y, asimismo, respaldo social. Algo que afecta al maridaje entre ambos. Parece ser que el Puerto ya no es lo primero. Y por tanto, la ciudad manda y el Puerto debe obedecer. Una relación poco afectuosa y nada conveniente para ninguno de los dos.

Desde la alcaldía de José Manuel Soria hasta la actualidad, los distintos gobiernos municipales vienen promoviendo y ejecutando actuaciones para la transformación del frente portuario (Base Naval-Muelle Pesquero). Un espacio de uso portuario al que se le ha venido dotando de piezas urbanísticas -desconectadas entre sí- y que nada tienen que ver con la actividad portuaria: centro comercial, acuario, propuestas de implantar un teleférico y hasta un hotel. Sin contar ni comentar los concursos de ideas realizados con propuestas más globales y transformadoras. En este contexto de piezas inconexas e incertidumbre está un edificio de la Fundación Puertos de Las Palmas, aún por concretar o estabilizar su uso y actividad comercial; unas instalaciones de la Estación Marítima de las que buena parte de ellas están en desuso; y un cordón de naves portuarias (hoy destinadas a la ayuda humanitaria) de las que no se sabe bien su futuro.

Un espacio portuario que aún contando con un plan especial de ordenación urbana, no se sabe qué configuración territorial y urbanística lo terminará por definir. Este es un puerto comercial muy dinámico y que, como otros puertos, reordena -casi de forma continua- su espacio y usos portuarios, siempre para una mejor operatividad y explotación comercial de su zona de servicio. Pero esa reordenación no debe aprovecharse para posibilitar intervenciones urbanísticas fuera de contexto, y de dudoso ajuste a la normativa portuaria vigente.

En el deseo de que las próximas actuaciones sean más acertadas, habrá que solicitar a los gobernantes portuarios y municipales que actúen con mayor claridad de ideas y aprecio hacia el Puerto. Ese que cumplirá años en este mes de febrero y que, posiblemente, alguien, con tal motivo, hablará de su importancia en la historia de esta ciudad.

Estará bien ese recordatorio un año más. No obstante, mejor sería llegar a un entendimiento entre las instituciones locales y la Autoridad Portuaria para organizar este espacio como un territorio de encuentro entre el Puerto y la ciudad. Y asimismo convengan dar protagonismo al Puerto y no al revés. Un acuerdo que debe tomarse al margen de las presiones de empresarios para ejecutar sus propuestas ajenas a la actividad del Puerto. Y apercibiéndose de otros criterios más razonables y más ajustados al contexto territorial y legal.

No estaría mal que en la remodelación que se está ejecutando se dote a este territorio de encuentro de una pieza representativa de esa simbología y del carácter internacional de este Puerto y de esta ciudad. Y en esa idea, qué tal si reconvertimos el edifico de la Fundación Puertos de Las Palmas (según planeamiento aprobado, y con la remodelación que sea necesaria) en un espacio que fuera la representación visible de esa idea y concepto. Donde además de ubicar las oficinas de la Cruz Roja y Media Luna Roja Internacional, bien representadas y visualizadas (las naves pueden ser trasladadas cerca del punto de embarque), tengan cabida otras oficinas de entidades (locales, nacionales e internacionales) comerciales y sociales representativas de la comunidad portuaria y vinculadas al comercio marítimo y a las relaciones internacionales. Y si me permiten, les menciono dos sugerencias más para ese mismo edificio. En la planta baja un centro de interpretación del puerto, que funcione como punto de información y a la vez como espacio didáctico para la interpretación de la historia del puerto y de la ciudad portuaria (pasado, presente y futuro). Una última planta equipada para eventos (charlas, conferencias, etc.). Y en su cubierta, un espacio lúdico que sea útil como mirador, para otear el puerto y contemplar la ciudad, esa que se ve desde el punto más alto de un crucero.

La Autoridad Portuaria debería comenzar con la instalación -en el entorno del arranque del muelle de Santa Catalina- de un humilde punto de información (un contenedor acondicionado, una persona, un ordenador, cuatro planos, cuatro fotos, cuatro catálogos y un blog de sugerencias) para responder a cualquier pregunta de los ciudadanos y para recibir de buen grado todas las sugerencias que se les ocurran. Le saldría más barato a la Autoridad Portuaria que los miles de euros que se gasta anualmente pagándole dietas -indebidas- a los vocales del Consejo de Administración de dicho organismo. Sería un buen detalle para este cumpleaños del Puerto. Ese que tanto ha hecho por la ciudad y que algo de respeto y afecto se merece.