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desde mi noray

El vigía de La Isleta

Hasta finales del siglo pasado existió un personaje en el mundo del puerto de La Luz que se conocía como el Vigía, que no era otro que un individuo contratado por la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, que desde la atalaya de La Isleta se encargaba de avisar a las casas consignatarias de la llegada de determinado barco con el fin de que fuera atendido.

Esta persona debía de acudir muy temprano a la citada montaña provista de un catalejo o prismáticos para divisar el arribo de determinado buque, bien si procedía del norte o si al contrario venía en ruta desde el sur. Eran los tiempos del alfabeto morse en nuestras comunicaciones o de los telegramas cuyos mensajes en muchas ocasiones llegaban con demora a los agentes situados en el Puerto de La Luz para atender al vapor que tenían a su cargo.

Pero en la actualidad todo ha cambiado quedando en el olvido el viejo teletipo que ya fue un importante avance en su momento, siendo sustituido por el satélite de comunicaciones que nos pone en contacto vía móvil con todo el mundo en cuestión de segundos y que juega un importante papel en la vida marítima ya que los barcos están de forma permanente en contacto con tierra, al estar enlazados por este medio, sin olvidar el GPS que les permite situarse en cualquier lugar del globo con una precisión matemática con el mínimo error. Este avance ha supuesto que haya descendido de forma espectacular el número anual de accidentes marítimos.

Por ello, vaya esta columna de hoy como homenaje y recuerdo de el Vigía de La Isleta que desempeñaba una encomiable labor como ayuda a las casas consignatarias, cuyos empleados se las veían y deseaban para saber las primeras noticias del barco nominado a su agencia con el fin de atenderlo lo más rápido posible. Son tiempos que no volverán.

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