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DESDE MI ISLA

Canarios en el canal de Isabel II de Madrid

Qué se puede sentir cuando los medios de comunicación zarandean a la Empresa a la que has entregado más de 30 años de tu vida? El Canal de Isabel II ha sido, para muchos, una institución que nos llenaba de orgullo, por el reconocimiento que de ella se tenía en la Comunidad de Madrid, en la opinión generalizada de excelente servicio público. Y eso fue durante muchos años, mientras el Canal cumplía la primera etapa de su vida. Etapa que empezó en 1851, en el empeño de Juan Bravo Murillo, el mismo que hizo posible los Puertos Francos canarios en 1852. Quedó grabada para la historia en el cemento la construcción de la primera presa (Pontón de la Oliva) recogiendo en su inmenso seno (embalse) las siempre frescas y alabadas aguas del río Lozoya. Siguieron otras presas, acueductos, conducciones, depósitos, hasta llegar el Canal a ser uno de los mejores abastecimientos de Europa, con ingenieros de caminos españoles.

Campo de los Guardias. Jardines del Canal, pinos, arces, madroños, rosas, geranios, prímulas dando la bienvenida con sus sombras y olores. Recuerdos de Pérez Galdós y Baroja, junto a los bulliciosos tenderetes de Cuatro Caminos. Duró esta primera época, llamada Técnica, mientras el Canal dependió del Ministerio de Obras Públicas, bajo el control económico de la Intervención General del Estado, dependiente del Ministerio de Hacienda, cubriéndose los puestos de trabajo por rigurosa oposición. Cuando el Canal pasó a depender de la Comunidad de Madrid, con el gobierno del partido socialista, empezó la época política y con ella la lenta y continua descomposición. Se retiró a la Intervención General del Estado, garante con su control de la deseada honestidad, y apareció en el horizonte la nube de los malos augurios. Empezó la entrada interesada de amigos, amigotes, sin convocatoria de oposiciones ni mérito alguno. Con este flujo ascendente quiero llevar al lector a una realidad que no empezó con el hoy imputado Ignacio González, que llegó a lo más alto de la ignominia haciendo engordar la bola de la corrupción a cotas máximas. En el Canal ya se podía hablar de dos fuentes: la del agua y la de banco que suministraba fondos a la Comunidad. Ejemplos, anuncios en Tele-Madrid, que en la mayoría de los casos no tenían razón de ser. Había que cubrir los déficits de la emisora manipulada, pagos de gastos que correspondían a la Comunidad, una Fundación para poder maniobrar por espacios opacos. El Canal ya no era una empresa pública. Era un reducto bajo el mando de políticos, que funcionaba como las mónadas de Leibnitz, puntos, átomos, formando un cuerpo especial con recuerdos para Spinoza. Mientras, la subida de gastos llevaba a subida de tarifas y las percepciones reales llevaban al descontento de los trabajadores.

Y entonces a alguien se le ocurrió resucitar el Imperio español y con ello empezó la tercera época: la Imperial, que conllevaba a la andadura por los viejos caminos que los conquistadores españoles habían abierto desde el siglo XV al XIX. ¡América! Esta vez, la íbamos a conquistar con nuestra técnica hidráulica canalera. Estando Esperanza Aguirre como concejala del Ayto de Madrid, creyéndose ya apta para gestas divinas, acudí a un almuerzo con ella y otro cargo de la Comunidad. Aguirre me pidió mi opinión sobre la expansión del Canal en América. Mi opinión fue fuertemente negativa. El Canal se debía totalmente a Madrid, y en América teníamos mucho que perder y poco que ganar. La empresa pública no tenía como objetivo entrar en competencia con la privada. Todavía tuve la oportunidad de expresarme con la misma contundencia ante el Presidente del Canal.

González ha hecho suyos todos los pecados capitales, instalaciones deportivas para gestión de sus familiares, contratos amañados, etc., bajo la óptica de su afamado ático de Estepona. Pero a pesar de este personaje y de su continuador Salvador Vitoria, Desesperanza Aguirre y el PP, el Canal recuperará su honradez de la época Técnica, demostrando que en la empresa pública una cosa es la gestión y otra el cuerpo de mónadas, sanguijuelas que se cubren con el manto de un neoliberalismo que no es otra cosa que una máscara más del capital. Advierto que lo que sucede ahora en el Canal es una muestra de lo que ocurre en muchas instituciones públicas de España.

En estos desagradables momentos para el Canal, aprovecho para airear parte de su historia, con los nombres de los canarios que han ocupado altos puestos directivos en la empresa pública. Cito cronológicamente por los años de su relación con el Canal.

Julián Henríquez Caubín nació en Arucas en 1907 (murió en 1979). Inició la carrera de Derecho en La Laguna, terminándola en Madrid en 1932. Ingresó -por oposición- en el Ministerio de Obras Públicas como oficial-letrado del Consejo. Ocupó como letrado un relevante puesto en los Canales del Lozoya, que fue como se llamó el Canal durante la República.

Se alistó voluntario en el Batallón Canarias junto a otros canarios y participó en la defensa de Madrid y el asalto al Alcázar de Toledo. Alcanzó el grado de Jefe del Estado Mayor en la mítica División 35 republicana, ganándose el respeto de mandos y soldados. Fue internado en el campo de concentración francés de Saint Ciprien, de donde se fugó para llegar a México. En América fue Catedrático de la Facultad de Contaduría y Administración en la Universidad de Méjico. Escribió La Batalla del Ebro. Maniobra de una División, donde demostró sus conocimientos de técnicas y tácticas militares. Precisamente en este libro narra los avatares de los primeros días de la Guerra Incivil española (1936), desde la perspectiva de una familia de clase media de izquierda de Madrid. Covián, el personaje de su novela, trabaja en Canales del Lozoya, con animados diálogos con el secretario, el falangista Lucio Alvarez, casado con una prolífera lavandera.

En sus horas libres preparaba una historia económica de Canarias, de la que sirvió material a los sindicalistas canarios que luchaban por la industria del tabaco canario en su batalla con el gobierno de Madrid. Julián fue un canario de corazón, que demostró su honestidad y su valía allí donde su destino lo llamó. Gran Canaria debe integrarlo entre sus hombres ilustres.

El segundo canario conectado con el Canal fue Pedro Matos Massieu, hermano de Leopoldo, quien fuera Ministro de Trabajo, Fomento y Gobernación entre 1921 y 1931, además de impulsor del Aeropuerto de Gando. Pedro nació en Las Palmas en 1876 y murió en Madrid en 1952. Terminó en Madrid la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Casó, en la iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife con Mª de la Concepción Lecuona Hardisson, con la cual tuvo dos hijos: Dolores y Pedro Antonio. Fue Director-General del Canal desde 1941 a 1946, año en que se jubiló. Como su hermano Leopoldo fue asesinado en Fuenterrabía en 1936, nadie pudo objetar favores, sino méritos propios en su nombramiento en el Canal, donde hizo una acertada gestión con la aducción y abastecimiento, destacando, además, en su empeño en la construcción del Canal del Este de Madrid. En Tenerife se recuerda el Plan Matos siendo Director de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz. Fue uno de los fundadores del Hogar Canario de Madrid.

Modestamente, debe consignar que el tercer alto cargo y segundo Director canario del Canal fue un servidor de ustedes.

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