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REFLEXIÓN

Macron y la unión monetaria

Existe unanimidad casi total en calificar la Unión Europea, en cuanto proyecto político, como un éxito, sin embargo, la unión monetaria no es considerada como tal por una gran parte de los ciudadanos. En lugar de provocar un proceso de convergencia, lo que hizo la introducción del euro fue dar pie al surgimiento de una enorme divergencia entre las diferentes economías europeas. Hasta ahora el euro ha funcionado de forma equivalente a la vinculación de las antiguas monedas de la zona euro al marco alemán, pero no es posible que las economías de los distintos países lleguen a converger por el solo hecho de vincular su moneda al marco. Argentina no logró alcanzar unos parámetros económicos semejantes a los de Estados Unidos cuando dolarizó su economía. Tampoco los países de la zona euro serán como Alemania por el simple hecho de adoptar el euro. Se ha partido del error de creer que un símbolo iba a someter a la disciplina la economía real, lo que no tiene ningún sentido. Alemania ha subordinado el mantenimiento del euro a un alineamiento de normas de competitividad de los otros países sobre su propio modelo, sin reconocer que todas estas economías son diferentes. Lo que demuestra que el euro fue un error, porque se impuso a países como España, Italia, Grecia, Portugal una devaluación interna, es decir, la absorción del poder adquisitivo que igualmente hubiese ocurrido, pero que hubiese sido formulada mediante una devaluación de la moneda. En la zona euro se han ligado las divisas de diecinueve Estados miembros a un tipo de cambio común, el euro, negando las diferencias intrínsecas entre las economías. La incongruencia del euro llega a tal punto que, si en teoría volviésemos a las monedas nacionales, la revalorización del deustchemark respecto del euro sería del 20%, mientras que el franco francés y la peseta se devaluarían alrededor del 25%. Es imposible que una moneda resista cuando las diferencias entre los países no dejan de agudizarse.

Emmanuel Macron, durante su etapa de ministro de economía, afirmó que había llegado el momento de debatir si la zona euro debe dar un paso más en la unión monetaria o si hay que desmantelarla organizadamente. Para Macron, la zona euro ha sido el marco de diferencias crecientes. "Al principio pensábamos que como teníamos la misma moneda, la misma tasa de interés, podíamos vivir igual. Desde 2011, hemos intentado corregir esas diferencias con políticas reales. Clásicamente, hacíamos devaluaciones con las monedas nacionales. En la zona euro, se hizo bajando los salarios, despidiendo gente, y con medidas de austeridad, para intentar converger". Pero añade el posible futuro presidente francés que esas medidas no son suficientes para volver al crecimiento porque las medidas estructurales necesitan tiempo para que den resultados. "Hay que seguir con las reformas estructurales. Y a la vez hacen falta políticas de transferencia y solidaridad". Macron ve tres salidas del euro: la primera consiste en ir más allá de las reglas, y crear instituciones que garanticen y gestionen una unión monetaria con más responsabilidad y solidaridad. Habría que dotarla de un presupuesto, que se alimentase de parte de la convergencia fiscal y tuviese capacidad para hacer préstamos. La segunda opción es no hacer nada y mantener el statu quo, que significa ver desaparecer la zona euro en diez años. "Seguirán las divergencias. Veremos crecer los populismos y los extremismos. Llegarán al poder los que prometen las cosas más extravagantes para ignorar las reglas, y tendremos problemas democráticos en todos los países. Y de facto, desmontaremos la zona euro, porque tendremos otras Grecias". La tercera posibilidad es el desmantelamiento por elección propia. Consiste en rechazar la convergencia económica y la solidaridad financiera y reconocer que la zona euro ha sido una mala experiencia.

Miguel Ángel López Lozano. Doctor en derecho Universidad del Atlántico Medio

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