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OBSERVATORIO

Larga vida al jazz

Desde que escuché aquel primer disco por un desconocido llamado Bill Evans, una de las grandes influencias del piano en el jazz, mi vida se transformó en la búsqueda y el disfrute de un estilo que ha perdurado más de un siglo. La palabra jazz es algo que surge de la necesidad de expresar un sentimiento que se ha prolongado en el tiempo y se ha mezclado con otros estilos como la música latina, el funky o el folclore de cada parte del mundo. La grandeza de este género justamente se reivindica por la elasticidad y sobre todo por la libertad de expresión. Miles Davis fue uno de los músicos que cambiaron en cada década el rumbo del jazz. Hoy en día podríamos hablar de un estilo que tiene muchas variables, desde Louis Armstrong & Ella Fitzgerald con grandes hits, fundamentaron las bases de un música que venía del blues. Hoy en día podemos observar cómo en nuestra sociedad canaria el jazz ha dejado huella, formamos parte de esas idas y vueltas a las Américas en búsqueda de mejor fortuna. Si nos remontamos a las entrañas del jazz podríamos decir que estamos hablando del continente africano y nosotros sentimos de forma natural esos ritmos sincopados que tanto nos gusta denominar como afro.

Gozamos de un buen momento porque los artistas canarios han salido en búsqueda de la esencia del jazz y las nuevas generaciones de músicos quieren tener un estilo propio a pesar de todas las huellas que han dejado los grandes jazzmen. Por cierto, el género femenino cada vez más esta presente en todos los instrumentos y podemos disfrutar de la sensibilidad de las grandes divas del jazz. Me acuerdo perfectamente cuando escuché aquel disco de fusión de Wayne Shorter, para mí es apasionante navegar en las diferentes etapas que ha ofrecido el jazz, podría citar a muchos de los grandes músicos que han colaborado con muchos años de investigación y evolución en un género que no deja de ser muy cercano en el tiempo, pero me quiero centrar en las experiencias más impactantes en todos estos años de evolución a través de mi música sin perder la tradición. Muchos músicos son muy puristas, cosa que respeto pero no podemos perder de vista que es imposible ser purista hoy en día por la gran influencia de géneros, discos, músicos de todas partes del mundo que llevan en el ADN todo lo que han escuchado anteriormente incluso sin elegirlo.

De los sitios más recomendables para gozar del jazz es Nueva York, nada más llegar y coger el metro escuché los cubos transformados en tambores improvisados que eran percutidos por un músico con un concepto del ritmo bastante diferente al estilo europeo. El primer músico que conocí fue Paquito d'Rivera nada más pisar Manhattan, un gran ejemplo de la universalidad del jazz con la música latina. Otra buena experiencia fue poder hablar con Bebo Valdés y ofrecerle mi primer trabajo discográfico para que lo escuchara, tenía la sensación de estar hablando con mi abuelo, además el vivió en La Isleta un tiempo, barrio de gran dosis de arte.

En la semana siguiente pude asistir a un concierto del gran McCoy Tyner, y tuve la misma sensación al hablar con él. Nunca imaginé que podía sentir y compartir historias tan de cerca con mis grandes héroes. La humildad es básica en un estilo donde muchos buscan el éxito escondiendo un egocentrismo desmesurado, sin embargo cuando puedas estar cerca con auténticos jazzmen, como los citados anteriormente, sabes que el camino a seguir no pasa por uno tan sólo. La música tiene un nivel de grandeza y de generosidad que sólo se puede alcanzar si has revisado bien tus propias intenciones y no ansías el éxito.

Uno de mis grandes ídolos es Dick Oatts, Director de la Village Vanguard Orchestra, ganador de varios Grammys, con el cual he podido grabar varios discos en dúo y quinteto. Tocar con Dick era estar sumergido en el jazz de verdad, tocar el sentimiento sin excusas. Su generosidad como músico y como pedagogo me alucinó y me transformó. Hay músicos que dejan huella en uno, te marcan y directamente vives como si estuvieras en aquellas calles de los años 50 viviendo una revolución social y musical.

En todos estos años anteriores que he vivido en Barcelona, Nueva York, París, Brasil, he observado cómo el jazz no entiende de idiomas ni de identidades, solo hay un lenguaje común, y aunque no puedas cruzar una palabra con los músicos hablando porque son de diferentes lugares del mundo, cuando las notas comienzan a sonar todo el mundo se conecta a ella, que para mí es el idioma universal, la música.

Un gran ejemplo es el fenómeno La garota de Ipanema, composición de Antonio Carlos Jobim, posiblemente uno de los temas más tocados alrededor del mundo. Es curioso, estuve en el bar donde Jobim compuso este tema y vi la partitura original, al final esa bella mujer que cruzaba cada día por delante de los ojos de Jobim tuvo una recompensa en forma musical. El sentimiento ha de estar implícito en la música, los estilos como el flamenco y la música brasileira también se han arropado en el jazz. Hay discos que no pasarán de moda y por supuesto suenan en nuestras mentes como el Kind of blue de Miles Davis.

El jazz es más allá de un estilo, es una forma de vivir y de sentir la música. Todos improvisamos cada día más de lo que pensamos, es un lujo poder disfrutar de todo un patrimonio musical desde que surgen en Nueva Orleans los primeros indicios de esta música. El International Jazz Day se celebra el 30 de abril ya hace varios años en todo el mundo.

Este próximo domingo podremos disfrutar de una jornada de celebración con nuestros artistas canarios con una propuesta organizada por Fábrica La Isleta delante del Auditorio.

Larga vida al jazz por muchos años.

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