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EL CALLEJÓN DEL GATO

La Europa de las velas

Algo debemos estar haciendo mal en Europa cuando cada vez que se comete un atentado terrorista, lo primero que se nos ocurre es salir corriendo a comprar velas y flores para honrar a las víctimas. Habrá que hacer algo más para poner freno a esta horda de asesinos que pretenden acabar con nuestra forma de vida. Que nadie nos confunda, nos matan no por lo que hacemos sino por lo que somos y, mientras tanto, nos enzarzamos discutiendo, si son galgos o podencos, los derechos de aquellos que matan allá donde pueden y cuando quieren sin ningún miramiento.

Hay tanto odio contra Occidente que no podemos ser ajenos a ello. Algunos se aventuran a decir que todo pasa por la educación pero no dejan claro quiénes serán objeto de esa reeducación. Suponemos que desde los gobiernos responsables se les acoge porque contamos con los mecanismos para que estén integrados, pues va a ser que no. Principalmente es el resentimiento de quienes habiendo sido acogidos en distintos países por diversas razones caen en círculo vicioso fundamentalista del que no pueden escapar.

Aunque no sea muy popular, queda mucho por hacer en Europa para defender sus fronteras de manera efectiva. No se puede echar la culpa a las religiones y sí a las fronteras de la democracia; es curioso cómo los políticos en un esfuerzo de ser políticamente correctos, no son contundentes a la hora de resolver el problema.

El relato maligno de los terroristas siempre debe combatirse basado en un discurso mitad religioso y mitad nacionalista en su versión más retorcida. Atentar es muy fácil y si nos limitamos a condenar e iluminar edificios con la bandera de la nación de turno golpeada, mal negocio estamos haciendo.

Las principales víctimas del yihadismo son los pobres de terceros países, muchos nos quedan muy cerca y de los que hablamos poco porque, si lo hiciéramos, estaríamos todos los días abriendo informativos y telediarios con las mismas tragedias.

¿Qué gritan los terroristas? Pues no es ni más ni menos que invocan a un dios que promete el paraíso eterno a los que cometen tales asesinatos en una mala interpretación de su religión, ya que el Islam, en su lectura más restrictiva, proclama la persecución del infiel; dicho esto, es justo decir que la mayoría de las personas que practican el islam son pacíficas.

Los terroristas deben ser privados del oxígeno de la publicidad que les damos permanentemente y del que dependen.

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