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CARTAS A GREGORIO

Manuel Ojeda

Periodista

A cuatro patas

Querido amigo, cuando salgo a dar un paseo con mi perrilla, me doy cuenta de lo poco que hemos hecho los humanos por adaptarnos a nuestro entorno.

Si llevo a mi perra Wifi atada con una correa no es porque represente un peligro para la gente o para la ciudad, sino porque la gente y la ciudad son un peligro para ella.

Resulta que las personas, en lugar de acostumbrarnos a andar por caminos de tierra o de hierba, hemos decidido cubrirlo todo de cemento y asfalto para luego pasear por encima cómodamente. No adaptamos el pie al camino, sino el camino al pie, aunque eso suponga destruir lo que era el verdadero camino.

Hacemos lo imposible para adecuar todo a nuestra comodidad pero, si cuando quieres ir a otro sitio, lo primero que se te ocurre es cambiarlo... ¿para qué vas entonces? Mejor te quedas en tu casa a gusto, que ya la tienes acomodada.

Sin embargo, los animales se adaptan a las condiciones del lugar, por eso tienen cuatro patas, para no ir por ahí tropezando con todo y acabar rompiéndose las narices, como nos suele pasar a nosotros.

Habría que releer a Darwin y su teoría de la evolución biológica por selección natural, y es que cada vez estoy más convencido de que el hombre no viene del mono, sino que es el mono el que parece ser un hombre evolucionado.

Mi mujer probó una vez subir la escalera de casa a cuatro patas para ver cómo se le daba y, después de reírnos un rato, llegamos a la conclusión de que, con un poco de práctica, sería más rápido, cómodo y seguro, sobre todo para ella, que es delgada.

No creo que los animales tengan nada que envidiarnos, Gregorio. Solo tienes que ver que, mientras ellos viven en bolas y al aire libre, nosotros tenemos que vestirnos y calzarnos hasta para estar en casa.

Los humanos somos el colmo de la inadaptación: nacemos desnudos pero nos vestimos. Empezamos andando a cuatro patas pero solo usamos dos. Por la noche encendemos las luces y durante el día cerramos puertas y ventanas para protegernos de la luz del sol, y así con casi todo. ¿No te parece ridículo que te cortes el pelo y luego te pongas un sombrero para cubrirte la cabeza? Eso estará bien, pero solo para los que somos calvos.

Por cierto, estoy convencido de que sin pelo se discurre mejor. De lo que no estoy muy seguro es si el pelo te crece por no pensar o se te cae por pensar demasiado...

Dicen que los animales no piensan. Será por eso que casi todos tienen pelos o plumas y, no sé si tú, Gregorio, pero yo nunca he visto a un burro calvo.

De lo que no tengo ninguna duda es de que mi perra piensa. Tiene pelo y cuatro patas pero nunca se equivoca y, cuando me mira, no le hace falta hablar para decirme lo que piensa.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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