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Una voz que cuenta el "milagro del mundo"

Tres décadas y media para galardonar a un gran poeta europeo que no escribe en castellano. Es el tiempo que se han tomado los sucesivos jurados de los premios Príncipe de Asturias y Princesa de Asturias de las Letras para darse cuenta de la existencia, por ejemplo, de un autor tan sustancial como Adam Zagajewski. Hay algunos más, pero por algo se empieza. La elección que se rubricó ayer en Oviedo supone el merecido reconocimiento a la obra de un autor que prolonga, desde las singularidades de su voz, la fértil tradición lírica polaca del último siglo: de Czeslaw Milosz a Wislawa Szymborska.

Zagajewski, que nació en 1945 en Lvov (hoy territorio de Ucrania) y se exilió en París a principios de los años ochenta al prohibir sus libros el gobierno comunista de la época, no se siente a disgusto cuando se le relaciona con Milosz. Ahora bien, la suya es una poesía muy personal, marcada por los tonos confesional o elegíaco, en la que se aúnan escenas y asuntos cotidianos con deslumbramientos e imágenes de gran originalidad expresiva. Como ha dicho su principal traductor al español, Xavier Farré, la lírica del escritor polaco tiene su perfecto correlato en esa pintura flamenca de interiores en la que nos sorprende la belleza de una luz sorpresiva.

Poeta, novelista, ensayista y autor de esa hermosa miscelánea que es En la gran belleza (memorias, diario, aforismos...), las editoriales Acantilado y Pre-Textos son las que se han ocupado de dar a conocer a Zagajewski a los lectores en español. Se han traducido sus poemarios de madurez, los posteriores a su marcha a París y a Estados Unidos, pero no los textos del poeta airado y crítico que militó con los escritores de la llamada Nueva Ola o Generación del 68. Es una poesía que, según propia confesión, le "irrita" en ocasiones. Para Martín López-Vega, prologuista de Poemas escogidos (publicado por Pre-Textos con traducción de Elzbieta Bortkiewicz), la escritura "post-polaca" de Zagajewski (en realidad, con el tiempo, regresaría a Cracovia) comienza con Viajar a Lvov (1985) y se prolonga en volúmenes como Tierra del fuego o Sed. Una poesía que huye de los hermetismos, sin renunciar a la tensión lingüística ni a la historia (con minúscula y mayúscula). Unas características que se prolongan en Deseo, Antenas o Mano Invisible, todos publicados por Acantilado, con excelentes traducciones del citado Xavier Farré.

Zagajewski es también un poeta de la celebración. Ha escrito: "La defensa de la poesía es la defensa de algo que alienta en el hombre, la capacidad fundamental de experimentar el milagro del mundo". Y más adelante: "Si esta capacidad se marchita, la especie humana seguirá existiendo, pero empeorada...". Al último premiado con el Príncipe de Asturias de las Letras le interesa la poesía de ideas que aporta significados nuevos mediante imágenes muy plásticas. Huye de las opiniones rotundas de los filósofos; prefiere los matices, la vida.

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