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Javier Durán

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Javier Durán

Periodista

Morosos inexpugnables

Una de las cosas que me intriga de los morosos VIP de la Hacienda estatal (o de Montoro) es saber cuánto tiempo pueden serlo. Un prototipo de morosidad paradigma viene de Mario Conde, quizás el deudor más antiguo entre los que circulan entre los ordenadores de los inspectores. El exbanquero que fundió Banesto siempre ocupa el hit parade de la lista que de un tiempo para acá emite el fisco para sacarle los colores a los más indolentes. Y es muy posible, dada la versatilidad del sujeto, que la hilera de ceros de ayer ya sea cuestión antigua para hoy. Su morosidad no baja sino que se actualiza, ya sea por los intereses, ya sea porque su aspiración no es otra que acrecentar su fortuna -donde hubo simple queda-, aunque para ello se olvide de cumplir con el IRPF al cien por cien. Darle publicidad al moroso viene a ser una especie de escarnio público: una forma de mostrarle a la sociedad las vergüenzas del no pagador, que puede no sentirse ni aludido al ver su nombre en titulares de mucha tinta, o bien hacer una vaca entre amigos para afrontar la deuda. Suele ser más común lo primero: seguir tal cual sin ningún tipo de complejo ni de agobio psicoanalítico. Y es que en el planeta hay diferencias más allá de las clases sociales: uno se puede sentir desinquieto por no saldar la cuenta del pan con el repartidor, y otros se estiran en su pijama de seda como si nada pese a ser conscientes de que Montoro y sus chicos preparan una estrategia para que aflore el dinero que ocultan. Los repetidores en la famosa lista de morosos vienen a demostrar que hay territorios inexpugnables, que hay algunos que se tienen más que ganada la condición de eternos, y que siempre tienen a mano un recurso para hacer papilla el expediente. El día en que Conde pague en ventanilla vamos a estar como un perro sin su collar favorito: desconcertados.

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