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Fiebre de las garrapatas

En veraneos del Norte se combinan los escasos días de playa con paseos por el campo. Precisamente porque el sol y el calor son moderados y hay días de lluvia, la vegetación es exuberante. La misma que alberga las garrapatas. Ellas viven en el monte bajo, allí esperan pacientemente a la víctima sobre la que caerán para conseguir su ración de sangre. Son capaces de reconocer olores y algunas perciben los pequeños cambios de temperatura. Eligen sus puestos de caza identificando los sitios de paso de animales. Son arácnidos con 8 patas. Cuando perciben una víctima, con las 4 traseras se afirman en la punta de planta mientras con las dos delanteras se agarran a su pieza. Entonces la recorren para encontrar el mejor sitio donde clavar su boca. Algunas inyectan un poco de anestésico. Allí se pasan horas o días hasta hartarse y dejarse caer. Si el animal está infectado con algún germen que ellas puedan albergar, se convierten en transmisoras. Eso es lo que ocurre con la garrapata de patas negras ("ixodes ricinus"): al chupar al sangre de pequeños roedores, absorbe una bacteria llamada "Borrelia burgdorferi", la causante de la enfermedad de Lyme. Donde hay más garrapata infectada en Asturias es en la zona del Sueve y se calcula que lo están hasta el 3%.

En España no sufrimos el acoso de esta enfermedad como está ocurriendo en algunas otras partes. En EE UU se contabilizan más de 300.000 casos al año. Sin embargo, aquí, en un estudio realizado en Lugo, encontraron que la incidencia era de entre 2 y 12 casos al año por cada 100.000 habitantes, la más alta en las zonas de montaña. Por tanto un máximo de 6.000 casos al año en España. También observaron una importante elevación de la incidencia en los últimos años. Otros estudios menos rigurosos encuentran tasas inferiores a 1 por cada 100.000 habitantes.

Esta enfermedad, que toma el nombre de la ciudad de Connecticut donde por primera vez se describió en 1975, comienza con malestar general, cansancio, dolor articular, quizá ganglios engrosados, fiebre, dolor de cabeza y, lo más importante, un eritema que tiene la peculiaridad de ser migratorio. Ocurre entre el 3º y 30º: un área de enrojecimiento en el lugar de la picadura que se expande gradualmente, sin dolor ni picor. Cuando desaparece, para mostrarse en otro lugar, puede dejar un rastro como de ojo de buey. Si se trata correctamente con el antibiótico adecuado, todo acaba ahí. El riesgo es que no se diagnostique la enfermedad porque su clínica no la sugiere o es tan rara que los profesionales no pensaron en ella, sobre todo, si el paciente no se acuerda o notó la picadura. Entonces puede progresar a una enfermedad crónica que se ceba en cualquier parte del cuerpo, especialmente las articulaciones, el corazón y el sistema nervioso. En el estudio realizado en Lugo sobre 199 casos posibles y 108 confirmados, la clínica neurológica fue la más frecuente: parálisis facial, mareos, alteraciones de la memoria reciente, dolor neurológico, incluso inflamación cerebral.

Las reglas para la prevención comprenden evitar la exposición, impedir que la garrapata pique y detectar pronto las garrapatas en el cuerpo. Para evitar la exposición es recomendable caminar por el centro de los senderos, pero como cada vez están más tomados por la vegetación, esto es difícil en el monte. Así que en caso de salir a pasear por lugares frondosos conviene ir bien tapado, puede ser buena idea llevar ropa clara en la que se detecte la araña, rociar la ropa con una permetrina al 0,5% y el cuerpo con DEET (Aután) al 20%, picaridina, o IR3535. Tras el paseo, hay que examinar detenidamente la piel. Ellas prefieren asentarse detrás de las orejas, en el ombligo y sobre todo en las piernas, en la cara interna del muslo. En caso de encontrarla, la forma de extraerla es con pinzas, procurando no aplastarla y que en la maniobra recojamos el cuerpo entero, con la cabeza. Si ésta queda allí, hay que intentar sacarla, pero si no se puede, pues se deja. Lo ideal es sumergir la garrapata en alcohol, ponerla en una bolsa de plástico cerrada y deshacerse de ella en el retrete. Es conveniente limpiar la zona con un antiséptico, agua y jabón pueden servir. Lo que no es buena idea es intentar que la garrapata se desprenda con aceite, por ejemplo. Puede provocar el vómito y con eso, aumentar el riesgo de infección si tiene en el estómago la bacteria.

Como son los roedores los huéspedes de la bacteria, en un estudio muy interesante se ha visto que donde hay predadores de estos animales, como pueden ser los zorros, la incidencia de la garrapata infectada puede descender hasta en el 90%. Hasta ahora es la única estrategia que ha sido efectiva, y no porque disminuya la población de ratones, sino porque acota su hábitat. Desde esta perspectiva, es posible que el crecimiento de la enfermedad de Lyme se deba a un desequilibrio en la fauna.

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