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reflexión

A los que aman

Hace unos días que ha muerto el actor, novelista, productor y director de cine Sam Shepard, uno de los mejores dramaturgos de los últimos años. Shepard me gustaba como actor (más de 50 películas) pero sobre todo como autor teatral. Shepard ha sido el dramaturgo del amor. De hecho, tras el estreno exitoso de Fool for love se fue a vivir con Jessica Lange en 1982 y siguieron juntos hasta su muerte hace días. Shepard siempre se negó a hacer un libro de memorias pero hace unos meses apareció un libro de conversaciones entre él y su mejor amigo, Johnny Dark. Este libro, escrito a partir de la correspondencia entre ellos dos durante más de 40 años, con abundantes fotografías, da más información sobre quién era realmente Sam Shepard que toda su obra literaria. Es de una desgarradora sinceridad lo que ambos se cuentan sobre el proceso creativo, sobre las relaciones humanas, sobre las mujeres en esta recopilación titulada Two Prospectors: The Letters of Sam Shepard and Johnny Dark (Wittliff Collections at Texas State University) 2017.

No hay mejor forma de conocer a un autor que a través de su correspondencia, de las huellas de su paso por la vida, de las fotografías que conservan vivo el pasado aunque la memoria intente falsearlo.

Shepard y el amor. Como tomar chocolate con sal Maldon y unas gotas de aceite, un exquisito pan con chocolate que ponían en un bar del puerto de Barcelona. Así describe Sam a Jessica Lange:

"Me encanta esta mujer de una manera que no puedo describir y un sentimiento de pertenencia a ella que llega a través de todo el dolor. Sé que la búsqueda de Jessie ha alcanzado algo dentro de mí. Una parte de mí se siente totalmente nuevo. Sé que incluso esto va a cambiar. Habrá momentos de profundo pesar. Pero la vida es un juego de azar. Puede haber un verdadero encuentro entre dos personas en el punto en que siempre se sintieron abandonados. Justo en el borde. Y eso es lo que pasa con ella y yo". Es una de las más trémulas y sinceras expresiones de amor que recuerdo.

En 1998 la cineasta Isabel Coixet rodó una película que ha pasado casi desapercibida pero que contiene pepitas de oro: A los que aman. Una rotunda mirada al amor romántico; es una historia ambientada en el siglo XVIII, en la isla de Mallorca. Un médico que no ejerce su profesión se ve atraído por una mujer enferma. Incapaz de curar la grave enfermedad de la mujer y sobre todo, incapaz de conseguir que ella le ame, el doctor asiste con resignación a la muerte de su amada. Y con la muerte llega el consuelo pero no el olvido. Es mejor amar que ser amado. Es mejor gastar las palabras y decir con Descartes: amo, luego existo. Isabel Coixet nunca ha negado haber sufrido mucho por amor en su vida privada. Y eso se refleja en sus trabajos. No hay obra literaria que no esté cosida a la vida de su autor. Alguien escribió que A los que aman era una magnífica película para distinguir entre amor, pasión e instinto. Esto es cierto. Así de certera es la taxonomía y la competencia conceptual que suda la cinta de Coixet. Un buen guión, una trama atractiva. Una buena fotografía y una buena música. Y mucho amor, mucho, mucho amor.

No me digan que en la vida real no pasan estas cosas. No sean desconfiados y no tengan mucho en cuenta la antropología de tipos como Josep Pla, al hablar del amor, de las mujeres. Que él no pudiera ser feliz con ninguna no le autoriza para desdeñar al resto. Ahí está Adi Endberg, su gran amor; luego Aly Herscovitz, cuyas cenizas quemadas en Auschwitz alimentan Europa central. Y qué decir de ese amor retour d'age por Aurora Perea? que le llevó a seguirla a Buenos Aires.

La mala fama del amor romántico se ha acrecentado con el tiempo. No hay mesura. Lo comenta Michel Houellebecq: "La experiencia del amor está en crisis, las personas tienen anhelos sentimentales que ya ni reconocen y eso se debe al cambio de normas que regulan las relaciones entre hombres y mujeres. La sentimentalidad está más perseguida que la pornografía", sentencia el filósofo galo. "La gente cree en el amor, cree más que nunca en el amor y sin embargo se muestran agresivos cuando les encaras con un sentimiento tan básico. Y parece que se emparejan porque les da aún más vergüenza vivir solos."

Tiene razón Houellebecq. Pero algo no va bien cuando se convierten en bestsellers obras como Cincuenta sombras de Grey, donde la sentimentalidad juega un papel secundario, donde, como señala Eva Illouz, el sexo es el envoltorio para envolver las historias de amor. Illouz habla de una erótica de la autoyuda que se construye sobre esta basura. Mala cosa. Y alerta sobre la sexualidad de la mujer moderna, que queda atrapada entre la libertad sexual de la protagonista y la estructura social tradicional de la familia. Así tantas sombras juntas ni dan más autoconocimiento y sí que se pueden convertir en un problema. Pero me pregunto, como José Lázaro en un artículo de hace unos meses, ¿por qué las Cincuenta sombras? llevan vendidos cerca de 100 millones de ejemplares desde 2011?

Nunca he comprendido la dinámica de los bestsellers, y menos éste que enloquece a Illouz y tiene perplejo a Lázaro.

Pero estoy con Houllebecq en la urgencia de recuperar la sentimentalidad, en la convivencia de volver a refugiarnos en nuestras vidas privadas, en nuestra intimidad. Si hace falta, habrá que "desaparecer de sí mismo", esconderse de uno, como propone David Le Breton en un gran ensayo. Quien quiera empezar a hacerlo, que empiece por ver el documental que Akolkar rodó sobre la vida de Liv Ulmann e Ingmar Bergman, escenas de la vida conyugal en la isla de Faro (2013). Es un documento fuera de lo común, extraordinario, construido sobre las autobiografías de ambos. "Son muchos recuerdos de la isla. Son más de 50 años?" comienza el relato de Ullmann. 50 años de amores, rupturas y amistad. Ambos rompieron sus matrimonios para poder estar juntos, Para poder saciar el ansia de compañía de Bergman, que nunca dejó acceder a su estudio a Ullmann, pero a quien dijo muchos años después de separarse: "Tú eras mi Stradivarius".

La vida siempre ha sido un ejercicio de riesgo. El amor, dejó escrito, Pere Gimferrer, es un vals de estocadas. Es como lo que sucede tras un sorbo de un buen reserva de Rioja, que uno no sabe ya quién es pero no es el mismo de antes. Solo nos falta saber, ¿y qué pasó luego? Pero quede claro que desde Tissot (1774), los onanistas nunca arriesgan, son los cobardes.

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