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papel vegetal

Destaponar el conflicto

La sordera política, el increíble autismo del presidente Rajoy se ha convertido, junto a la terca irresponsabilidad de su homólogo catalán, Puigdemont, en el mayor tapón para una solución dialogada y pacífica del gravísimo problema catalán. El independentismo inició una huida hacia delante que consistía en romper todos los puentes y no permitía mirar hacia atrás so pena de convertirse como la mujer de Lot en estatua de sal. Pero antes de dejar que ocurriesen esas cosas, lo más sensato habría sido actuar con finezza, tratar de desmontar con argumentos e incluso ofrecimientos dentro del orden constitucional el discurso del otro sin esperar a que las cosas terminasen resolviéndose por sí solas.

Y esto es lo que no ha sucedido. Como si las leyes y la propia Constitución estuviesen escritas en mármol y no se pudiese modificar esta última de la noche a la mañana como ocurrió con la tristemente famosa reforma que modificó, siguiendo instrucciones de fuera, su artículo 135 y estableció que el Estado debía anteponer el pago de la deuda a cualquier gasto público. ¡Todo muy social!

Y ahora tenemos en la Generalitat a un Gobierno que ha prometido demagógicamente liberar a su pueblo de un Estado opresor y en Madrid, a un Gobierno también incapaz por lo que se ve de moverse de su sitio y que todo parecía fiarlo al paso del tiempo.

Al PP de Rajoy tal vez le venía bien su actitud de dureza frente a Cataluña porque podía ayudarle a ganar votos en el resto de España mientras que esa misma cerrazón le convenía al Gobierno catalán para argumentar que España era irreformable y que la única solución era marcharse. Y al mismo tiempo, tanto al PP como a los sucesores de Convergencia, la tensión les permitía desviar astutamente la atención de la opinión pública de sus graves problemas de corrupción.

Pero esa estrategia, si es que la hubo, ya no sirve de nada: el desafío catalán se ha agravado peligrosamente y la torpeza e incapacidad política del Ejecutivo de Rajoy quedó una vez más de manifiesto el domingo con las escenas de violencia contra ciudadanos que defendían las urnas improvisadas en un referéndum que todos sabíamos ilegal.

Cuando los dirigentes de un partido se convierten en obstáculo para encontrar una solución, lo mejor es buscar recambio. El problema es que en partidos como el PP no parece existir ese debate. Y no hablemos ya de la irresponsabilidad de la Generalitat.

Ante el silencio incomprensible de Rajoy, el Rey ha intervenido con un discurso que podría haber escrito el jefe del Gobierno, que contenía una fuerte y lógica condena de la "deslealtad a las instituciones" de los independentistas, pero en el que faltó clamorosamente, y en catalán, la palabra "diálogo".

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