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reflexión

El género de las banderas

Las banderas son retales de tela de colores a las que las personas les atribuyen significados. No hay dos individuos que construyan sus significados de la misma manera. Ante un mensaje o estímulo, digamos una bandera determinada, cada persona lo interpreta de una manera única. Algunos identifican la bandera con un deporte, otros le atribuyen un sentimiento de orgullo, de pertenencia, de raza... Los hay, también, a los que las banderas, sean de la región o país que sea, no le dicen nada, porque su pertenencia a una determinada cultura está determinada en mayor medida por una canción, un baile o una tradición, en lugar de por una tela, por muchos colores que esta tenga o por mucho que otros crean que significa.

Pensemos en los invidentes. Ellos pueden aportar un significado patriótico a una determinada bandera, pero ni si quiera pueden percibir sus colores, formas y escudos. O pueden omitir esa construcción de significado precisamente porque no pueden percibir la forma sensible del objeto. Pensemos también en los ciudadanos chinos de España que regentan tiendas de todo a un euro. Para ellos, la bandera española significa simplemente dinero. Están ya en todos los escaparates de esos establecimientos y se venden como churros, al mismo tiempo que se multiplica su presencia en los balcones. Sospecho que para los comerciantes de Cataluña la estelada significará exactamente lo mismo que la española para sus compatriotas de otras comunidades autónomas: garantía de venta y dinero.

Y, sin embargo, no todas las banderas son iguales ni tienen un mismo significado histórico. Algunas deberían tener un significado unívoco, sobre todo para las mujeres españolas. Son banderas preconstitucionales, las que lucen un águila en el centro. Las mujeres que han acompañado estos días las manifestaciones con este tipo de banderas, unas mayores con perlas en las orejas, otras jovencísimas con piercings, han sido fotografiadas también haciendo el saludo fascista. Como si hubieran borrado de su cabeza que en la España a la que pertenece esa bandera los anticonceptivos y el aborto fueron ilegales hasta 1978. Como si nunca hubiera ocurrido que las mujeres adultas necesitaran un permiso escrito para abrir una cuenta bancaria, firmar una escritura y trabajar, entre otras muchas cosas.

¿Son estas mujeres víctimas de la violencia simbólica, aquella que se ejerce sin que la sufridora tenga consciencia de ella? ¿O son acaso seguidoras de los símbolos considerados masculinos, porque todo lo que tenga la marca de la testosterona es mejor que lo femenino? ¿Quieren volver al hogar, dejar de trabajar, de tener un salario? Solo podemos especular sobre la construcción de significados individuales e incluso colectivos de estas mujeres, mientras nos preguntamos si los libros de historia son suficientemente claros sobre los extremos que afligieron a la mitad de la población durante casi 40 años o se pasa de puntillas por ello en nombre de "la desmemoria" histórica. Es inasumible que estemos desandando, como colectivo, como clase social femenina, todo lo que costó tanto recorrer. Que nos estemos alejando tanto de aquellas mujeres "outsiders" de Virginia Woolf que no tenían ni patria ni bandera porque se sabían maltratadas por la legislación de su propio país. O de aquella sastra orgullosa que retrataba nuestra Emilia Pardo Bazán, que no estaba dispuesta a soportar más los abusos de su marido.

Estas mujeres fascistas de mirada alienada no deben de haber leído a Virginia Woolf ni a Emilia Pardo Bazán. Si lo hubieran hecho no sujetarían orgullosas la bandera con el ave rapaz que está dispuesta a devorarnos a todas. En su construcción de significados no han tenido a nadie (persona, televisión o libro) que les recuerde suficientemente que la España franquista es tan parecida al Cuento de la criada de Margaret Atwood, que da pavor y vergüenza repasar la lista de similitudes. Y, por ese motivo, las hemos vuelto a ver en las fotografías de las manifestaciones de antisistema fascistas que se multiplican por nuestro país. Empujándonos a todas de nuevo al vacío del que tanto nos constó salir, para amortajarnos con esa bandera. Una bandera cuyo significado literal e indiscutible es machismo, tortura y falta de libertad.

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