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La Provincia - Diario de Las Palmas

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CON OTRA CARA

El desamor

Muchas veces he pensado en lo complicadas que son las cosas del amor. Al menos para una gran mayoría de hombres y mujeres. ¿Por qué, me pregunto, siendo el amor algo que perseguimos por placer, algo que buscamos para darle significado a nuestra vida diaria, tiene ese lado tan negativo que es el desamor? Quizás sea porque el amor no es sólo placer, pasión, deseo, sino también juramento y compromiso. Nos ligamos a las personas que satisfacen nuestras necesidades, aunque este principio solo no basta para explicar un vínculo fuerte; éste necesita tiempo, mucha paciencia y comprensión mutua, y se vuelve tanto más fuerte cuánto más tiempo pasa, cuanto más tiempo se repite la satisfacción recíproca. Pero, en muchas ocasiones, pasado un cierto tiempo y sin apenas percibirlo, esa persona se convierte en una extraña y la vida en común comienza a ser como un pozo al que no alimenta ningún manantial y tan sólo se nutre de un sepulcral silencio, silencio que niega cualquier posibilidad de acercamiento y consuelo. Creo que la muerte se afronta, las torturas se sufren, pero el silencio, ¡oh Dios, el silencio!, el silencio es el mayor vacío que existe entre dos personas que se han amado. Y, lentamente, sin darte cuenta, sin apenas percibirlo, un día, esa persona, a quien, a veces, le sucede lo mismo, se convierte en una extraña, con sus ojos distantes, fríos y dramáticamente apagados, cuando te mira. Atrás queda ese tiempo en que estar juntos era una urgencia, porque allí estaban las armas necesarias para combatir las decepciones y desesperanzas diarias o cotidianas, armas que se cargaban con ternura, comprensión, complicidad, entrega, y que combatían con una sencilla mirada? o un susurro? o una caricia? Pero así de ingrato es el amor. Amas a una persona, la pasión devora tu alma, las horas se convierten en minutos en su presencia y, de pronto, un día, esa pasión se esfuma con la rapidez con que a una hoja la lleva el viento. Y llega el amargo desamor, y angustia y tortura, porque va desgarrando el alma, y llega a ser tan profundo como la felicidad del amor de antaño, y duele, y sientes una punzada en el estómago que no te deja comer, y te siega el alma, y te impide disfrutar de la vida. Y todo lo que oyes es el sonido, cada vez más lejano, de su voz.

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