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La Provincia - Diario de Las Palmas

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opinión

Zona de seguridad

Las presiones, internas y externas, le han quebrado en tres días el espinazo al líder socialdemócrata alemán. El lunes, tras el fracaso de Merkel en formar Gobierno, Martin Schulz todavía insistía en instalar al SPD en la oposición para someterlo a una cura de engorde tras la debacle que redujo su apoyo al 20,5%. Ayer, tras una larguísima reunión de la cúpula socialdemócrata, se ofreció a negociar con Merkel para evitar una repetición electoral que mantendría a Alemania y a la UE en funciones hasta este verano.

Las presiones exteriores llevaban un mensaje: la UE debe aprovechar la 'ventana Macron' para lanzar el cohete de las reformas. O, al menos, para sacar a escena el discurso reformista de un renacido eje francoalemán. Una función que no puede esperar a fin de curso porque, en su ausencia, los focos se centrarían en las exasperantes negociaciones sobre el brexit, alentadoras de más tensiones rupturistas en la UE.

Las presiones interiores, las que mandan, adquirieron sin duda contornos nítidos: los de Pedro Sánchez el 1 de octubre de 2016. O sea, la amenaza de un descabalgamiento si Schulz se mantenía en un enroque que, previsiblemente, conduciría a una duplicación de los resultados de septiembre o, incluso, a un refuerzo del castigo al SPD.

Con todo, Schulz parece haber tenido presentes dos cuestiones: la resurrección de Sánchez y la esencia abrasiva de Merkel. La primera le llevará a someter a las bases los acuerdos que pueda cerrar con la canciller. Aminorar la segunda le aconseja huir de las poltronas y ofrecer sólo un pacto de legislatura, con eje en los asuntos europeos, que sitúe a Merkel ante la opción que detesta: gobernar en minoría. Así, y respaldado por la militancia, endosaría a la líder democristiana la responsabilidad de unos eventuales comicios. Y si estos, lo probable, no se convocan, abriría una zona de seguridad para, al menos, amortiguar el influjo vampírico de Merkel.

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