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La Provincia - Diario de Las Palmas

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PIEDRA LUNAR

La (in)soluble identidad

Para quienes hayan dedicado algún tiempo a reflexionar sobre la identidad de una comunidad, la reciente publicación de François Jullien La identidad cultural no existe (Taurus, 2017) viene a poner sobre la mesa una nueva perspectiva que no nos deja indiferentes. Identidad es término recurrente cuando se trata de articular un discurso político o realizar el análisis antropológico de una colectividad. No digamos el uso que se le dio a esta palabra / concepto hace cuarenta años cuando hubo que construir, junto con las otras del Estado español, esta Autonomía atlántica. "Lo nuestro" era el espejo diferenciador. Y en esa expresión, convertida en cajón de sastre, tenían cabida desde el seseo y la aspiración de las hablas isleñas, el mojo, las papas arrugadas y el timplillo, sin olvidar la cinta métrica para medir los dos mil kilómetros que nos separan de la metrópoli, incluyendo el victimismo colonialista. Entonces se vivía una crisis secular de subjetividad colectiva. No sabíamos a ciencia cierta quiénes éramos como pueblo. Así se montó un discurso artificial en el que prevaleció lo rural: los ganados, con sus bostas, pasando por la calle de Triana o por el paseo de Las Canteras. O un presidente de gobierno encorbatado, empuñando un arado en Fuerteventura. Lo nunca visto. Los colegiales, celebrando el 30 de mayo (día de la Autonomía) vestidos de canarios del campo cuando nunca habían visto una vaca y confundiendo cabras con ovejas. Todo un artificio. Sin embargo, es cierto que nuestra tierra fragmentada tiene unas evidencias muy singulares que debemos poner en valor porque son diferenciadoras. Las diferencias identitarias tenemos que sopesarlas en contraste con las identidades foráneas. Pero lo que pasa, y eso lo hemos dicho en diversas ocasiones, es que la identidad no es una foto fija ni anclada en el tiempo, ni tampoco sólo nuestra ni excluyente. Tenemos identidad como personas de una comunidad y la comunidad tiene identidad como pertenencia a un territorio frente a otros ámbitos culturales. Cuando Valbuena Prat (profesor en La Laguna) expone en 1926 las características de la poesía canaria (aislamiento; cosmopolitismo; intimidad y sentimiento del mar), lo hace en un momento de indefiniciones que ya ha quedado superado. Pero lo que ahora ha venido a plantear el ensayista francés es que esos rasgos no nos pertenecen en exclusiva. Por ello afirma que cuando unos elementos o iconos identitarios se manifiestan pasan a la plaza pública de la globalización. Y a partir de ese momento no son elementos aislados ni parroquianos, sino son recursos para ser compartidos. En el título de esta columna están las dos posiciones sobre la identidad: la insoluble, la que nos pertenece como personas y miembros de nuestra propia comunidad. Y la soluble, la que se diluye en el amplio mundo de lo universal y que puede ser compartida libremente por quien le venga en gana. Evidencias de nuestra rica cultura isleña convertidas en recursos para la narrativa universal.

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