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Derechos humanos y periodismo

¿Sanidad para todos?

Uno de los derechos considerados más importan-tes para mí es el derecho a la sanidad. El derecho a ser atendido dignamente cuando tienes un problema que afecte a tu salud.

El otro día estaba en mi casa y me empecé a encontrar mal. Sentía un ligero dolor de cabeza con sensación de náusea. A los diez minutos ya estaba camino del médico. La sala de espera estaba llena de niños, de adultos, de ancianos, de jóvenes... Unos estaban esperando su turno pacientemente, otros protestaban por llevar esperando "unos minutillos", otros simplemente estaban acompañando; incluso había padres intentando calmar a sus hijos que no querían entrar. Todos, probablemente, nos hemos visto reflejados en una estampa similar, la imagen de la sala de espera de nuestro médico. Y al escribir sobre ello me planteo: ¡Qué suerte!, ¿no? Se nos ha venido una imagen a la cabeza.

No todos en este mundo tenemos la posibilidad de ir a un hospital cuando y donde lo necesitemos. Vivimos rodeados de lugares a donde la cobertura sanitaria no llega, o no llega con unas garantías mínimas. Poder ir al médico cuando surge esa necesidad es un derecho que en nuestro país damos por garantizado, tanto que no nos paramos un segundo a pensar en las personas que no tienen este derecho a su alcance. ¡Y son muchas!

Cuando hablamos de derecho a la sanidad y la gente que no lo posee, nuestras mentes vuelan a lugares remotos y poco desarrollados de África, Asia o Sudamérica. Pero también en lugares más inesperados hay una sanidad desigual. En Estados Unidos, por ejemplo, la sanidad es privada y no está considerada un derecho universal. Ha habido casos en los que una persona se ha visto abocada a morir por no tener suficiente dinero para llamar a una ambulancia y hacer frente al coste que dicho servicio implica.

Esto es a lo que me refiero cuando digo que en nuestro país damos la sanidad por garantizada. Muchas veces, incluso, nos sentimos con derecho a poder criticar sobre ella sin pararnos a pensar en toda la gente que está sufriendo o que no puede superar una gripe por el simple hecho de que no está vacunada, que no puede acceder a un hospital, ni siquiera a un pequeño ambulatorio. Toda esa gente que no tiene a su lado un médico que vele por su bienestar y su salud. Pensamos que estas cosas no ocurren, las vemos muy lejos. Pero todos somos uno, todos vivimos en un mismo planeta, todos compartimos un mismo espacio. ¿Por qué unos pueden ejercer su derecho y a otros les quitamos el derecho a ejercerlo? ¿Qué pasaría si fuera tu mujer la que va a dar a luz en un lugar en el que no hubiera ni agua limpia o tu hijo el que no va a poder superar una gripe? Y nuevamente al escribir sobre ello me planteo: ¡Qué suerte!, ¿no? Esa imagen no se nos ha venido a la cabeza.

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