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el análisis

La hipótesis del caos

La crisis de la democracia es el tópico más recurrente de la teoría política actual. Manuel Castells, sociólogo cuya trilogía sobre la sociedad red ha sido traducida a veintidós idiomas, afirma ya en las primeras páginas de su libro que es la madre de todas las crisis, la más profunda, porque incapacita a las sociedades a la hora de abordar las otras múltiples crisis que se manifiestan por doquier. Consiste en la ruptura que se ha producido en la relación entre gobernantes y gobernados. Es una crisis tan universal como la democracia misma. La inmensa mayoría de los ciudadanos, incluso en las democracias más avanzadas, desconfían de sus dirigentes políticos, declaran que no se sienten representados por sus elegidos y castigan con su voto a los gobiernos o se abstienen en creciente número. El nivel de popularidad de los políticos es ínfimo y los partidos están totalmente desacreditados. No es que los ciudadanos hayan dejado de ser demócratas, sino que precisamente por serlo su decepción ante el estado presente de las cosas es más elocuente. La crisis a la que se refiere Castells afecta de manera específica a la democracia liberal, que se cae a pedazos por obsoleta, y es definitiva. Aporta como prueba los resultados de las elecciones presidenciales celebradas en Estados Unidos y Francia, del referéndum del brexit y el colapso de la Unión Europea. Las victorias, de algún modo engañosas, de Trump y Macron anunciarían el fin de la democracia tal como la hemos conocido.

La crisis de la democracia, prosigue Castells, se ha encontrado con dos reacciones diferentes. Una es el populismo, que acude al rescate de la identidad nacional en peligro y se propone fortalecer su soberanía. La otra es impulsada por una izquierda transformadora rejuvenecida. España ofrece el mejor ejemplo de la segunda, que se ha difundido por Europa y América. La crisis de la democracia española se remonta, según Castells, a la constitución de 1978 y toca fondo con las mentiras de Aznar, en 2004, y con las políticas de austeridad aplicadas por el último gobierno de Zapatero, que consuman el naufragio de la socialdemocracia en nuestro país. La consecuencia de todo ello fue el 15M, fuente de inspiración de protestas similares en muchos otros países, "el mundo fascinante, variopinto y dramático" del que emergió Podemos, el actor que sacudió el amodorrado bipartidismo de nuestro sistema político. De su impacto no se libró el PSOE. Castells relata la conversación que mantuvo con Pedro Sánchez paseando por una playa californiana, a petición de este, de la que el líder socialista salió convencido de que, aún teniendo todo en su contra, debía presentar su candidatura a las primarias que finalmente le devolvieron a la secretaría general del partido de la que había sido apeado por lo que el autor del libro considera una verdadera conspiración. El 15M, la formación de Podemos y la podemización del PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez son, para Castells, motivos de esperanza. La experiencia española, dice, adquiere un sentido que va más allá de resucitar a la moribunda socialdemocracia o regenerar una democracia corrupta y decadente. Podría ser la prueba de que otra política, auténticamente democrática, es posible. Pero en las páginas finales sorprende con una conclusión inesperada. Tras advertir que en las dos últimas décadas ha analizado muchas sociedades sin detectar señales de nueva vida democrática, salvo algunas apariencias, y preguntarse cuál es la alternativa, postula la hipótesis del caos creativo. Se trata de renunciar a constituir un orden que reemplace al anterior para ir resolviendo los problemas al instante, según vayan surgiendo, utilizando la capacidad de comunicación, deliberación y codecisión que pone a nuestra disposición internet. La fórmula se acerca a la vieja idea de la autogestión.

Castells ve en la respuesta dada por los movimientos sociales a la crisis de la democracia en España la posibilidad más o menos remota, pero cierta, de una política sin intermediarios y anima a explorarla. ¿Por qué no?, se pregunta. Es preferible, asegura, aprender a vivir en el caos que conformarse a la disciplina de un orden. A quienes tachen de utópica su propuesta, responde que más utópico es pensar que la crisis actual pueda superarse con instituciones creadas de la misma matriz que las que se ha demostrado que ya no sirven. En su libro, Castells explota una veta de la teoría democrática que penetra en el núcleo de la política, y que ha generado a lo largo de la historia grandes ilusiones, así como tremendas frustraciones. La descripción que hace del caos es, en todo caso, demasiado vaga. Pero suficiente para plantearnos si las sociedades democráticas están en condiciones de coordinar la vida colectiva prescindiendo de partidos y gobiernos. Eso sí, los ciudadanos serán los que, por activa o por pasiva, decidan en última instancia.

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