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en voz alta

Polarización y realidad a medida

Hemos entrado en el mes de diciembre y, con él, en la campaña electoral de las elecciones autonómicas en Cataluña. Las elecciones del 155. Unas elecciones que todo el mundo coincide en considerar cruciales para el futuro político de los catalanes y del conjunto de España. En virtud de lo que pase, el independentismo reforzará su posición y tal vez se vea tentado de continuar el camino unilateral, o bien perderá votantes y, quizás, incluso pierda el poder en la Generalitat (o tenga que compartirlo con socios no netamente independentistas).

Las encuestas detectan un mínimo desgaste del independentismo; tan pequeño que, en puridad, está dentro del margen de error, con lo que tal vez dicho desgaste ni siquiera exista. Lo cual ha generado cierta perplejidad: ¿cómo es posible que el voto al independentismo no se derrumbe, teniendo en cuenta que lo que los promotores del procés han estado postulando durante años (la creación de estructuras de Estado, la llegada "limpia y sencilla" de la independencia dentro de la UE, etc) se ha visto desmentido claramente por los hechos? Por no hablar del desinflamiento acelerado de posiciones de algunos de los independentistas, ayer unilaterales y hoy dispuestos a reiniciar el procés desde el minuto uno (es una de las grandes virtudes del procés: no tiene fin). O el deterioro de la economía de Cataluña y la huida de empresas. Todo ello no parece afectar demasiado al posicionamiento electoral de los independentistas; como mucho, sus votantes oscilan entre unas opciones u otras dentro de ese bloque, pero hay pocas deserciones. O eso parece.

Sin duda, en el bloque independentista la mayoría de sus votantes, o al menos los más movilizados (los famosos dos millones de votantes), constituyen un voto fiel que difícilmente vaya a abandonar el barco por unos cuantos mensajes contradictorios. Esto es así, en parte, porque la información que les llega no es la misma que reciben los que consideran que el independentismo ha fracasado (generalmente ubicados en el bloque contrario, como es natural). Sus medios venden una historia muy diferente en la que todo, o casi todo, corresponde a una superior estrategia a largo plazo por el bien de la causa (independentista); y las informaciones que no convienen, o chirrían en este relato, quedan en segundo plano o directamente son ignoradas. Que es, por supuesto, más o menos lo mismo que ocurre en los medios de la Brunete españolista más comprometidos con la causa.

Las audiencias se han fragmentado y especializado en virtud de criterios diversos, entre ellos el ideológico. Cada vez más, la gente ve sólo lo que quiere ver; y lo que no, directamente lo desprecia, o lo ignora (porque no llega hasta él). Un fenómeno que se ve enormemente potenciado por Internet y las redes sociales, donde los propios intereses del usuario, su capacidad para discriminar entre unos medios u otros, unas cuentas u otras, e incluso unas búsquedas y otras, acaba configurando un escenario mimético de sus intereses y preferencias... cuyo principal efecto es confirmarle, punto por punto, que su visión del mundo es la correcta. Las disonancias que aparecen, de mucho menor peso, acaban ensordecidas.

En un contexto de polarización, como el que hemos vivido en los últimos años, particularmente en Cataluña, esta disociación entre diversas realidades paralelas, cada vez menos conectadas entre sí, se da con mayor intensidad. Las opciones moderadas, que se quedan a mitad de camino, sufren más que las que claramente se decantan por un posicionamiento fuerte y protagonizan, o siguen, la lógica de la polarización. Lo que explica, en Cataluña, el sufrimiento de opciones electorales como En Comú Podem y el PSC, así como el ansia del PdCAT, antes Convergència, por camuflarse en candidaturas unitarias que no enmascarasen la erosión del voto inherente a ser percibidos como menos independentistas que los demás. O que incluso el PP esté sufriendo en el conjunto de España la competencia electoral de Ciudadanos, partido que muchos votantes conservadores perciben como más firme en su oposición al independentismo catalán.

Está por ver si estas elecciones mantienen el escenario de polarización o marcan un cambio de tendencia, aunque sea incipiente. Los resultados de los partidos ubicados -con todos los matices- en el centro del tablero, desde el punto de vista de su posicionamiento al respecto de la independencia (PdCAT, a pesar de Puigdemont; PSC; y En Comú Podem) nos permitirán desvelar esta incógnita.

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