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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

Semana tonta

Han sido varios los que me he encontrado por la calle y que me han mirado con cara de estupefacción: ¿Pero qué haces aquí? ¿No te has ido a ningún lado? Un puente ideal para viajar, me dicen. Es verdad, uno mira la calle y hay muy poco personal en estado laboral. Hasta el centro comercial, deidad pagana a idolatrar, está de bote en bote en una interminable oferta. En los trabajos públicos no se mueve ni una pluma escapada de una almohada. Ya la semana anterior a la Constitución y la Inmaculada Concepción se veía una lograda ansiedad: los funcionarios hacían dominó para cuadrar los días de asuntos propios con el puentazo. Hemos vuelto a las mismas: durante una época los acueductos daban lugar a cierta vergüenza ajena, y hubo un lamento colectivo para separar los días de puente entre si. Evitar, en definitiva, una semana tonta, de las que no vale la pena ni hacer una llamada de teléfono para preguntar sobre un trámite. Sin ir más lejos, la misma agenda del Club LA PROVINCIA ha sido desarticulada: ni una reserva para una presentación o conferencia. ¿Para qué? ¿A quién se le va a ocurrir ir a sentarse a un salón de actos en un puente tan jugoso? No han faltado los que se han ido a la nieve o a ver la decoración navideña de una capital europea. Ahora sólo nos queda esperar por algún cizaña que saque la calculadora y se ponga a hacer cuentas sobre el bajón de la competitividad o los efectos nefastos que tiene para la productividad un absentismo tan prolongado. Creo que Iglesia y Estado deberían ponerse de acuerdo para que sus respectivas festividades no sean tan cercanas. Tampoco sé si se puede llegar a semejante acuerdo cuando hay por medio una imagen santa y hasta una bula papal, y por el otro una Carta Magna. Pero bueno, somos un país rico y con la hucha de las pensiones llena.

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