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entre líneas

La Unión Europea en peligro

Quizás uno de los mayores logros del siglo XX fue la construcción de la Unión Europea. Tras dos guerras mundiales, casi consecutivas, con cerca de 100 millones de muertos entre ambas, los países de Europa, tan nacionalistas y belicosos ellos, entendieron que se debían poner las bases para evitar que en suelo europeo se repitiese tamaña hazaña como es ña de despanzurrarse al son de himnos patrióticos. Este proyecto, en construcción aún, significaba y significa que se estaba dispuesto a diluir las peculiaridades de los diferentes países y poblaciones en un conjunto mayor, que necesariamente debía basarse en lo que se compartía, en lo que se tenía en común. Y eso es lo que intenta ser la Unión Europea, más allá de un mercado económico conjunto (una zona de libre cambio), que también lo es, se ha ido construyendo un espacio político basado en los derechos fundamentales de las personas, en el cumplimiento de las leyes, en obtener y proporcionar altos niveles de bienestar a la población, y apoyando la convergencia en los niveles de vida de sus ciudadanos a través de políticas de solidaridad entre las regiones. Pero para qué negarlo, este proyecto hoy se encuentra fuertemente comprometido por ataques que vienen de los fanatismos más primarios como el religioso y nacionalista, y del resurgir de los populismos pseudorrevolucionarios tan frecuentes en los tiempos de crisis.

Como desarrollar estos puntos requeriría de un espacio excesivo, me centraré en realizar algunas reflexiones sobre lo que está aconteciendo en la Unión Europea a partir del brexit y la situación en Cataluña. Vaya por delante que en mi opinión la crisis de 2010 en la Unión Europea (la propia) debe en gran medida su virulencia y longitud a la actitud que países como Alemania adoptaron, sacando un indigno provecho de una situación de alta inestabilidad en los mercados sobre los países periféricos como España, Italia y Portugal que de ningún modo se puede justificar. Las autoridades políticas y económicas del centro Europa al generar dudas sobre la viabilidad del euro, afectaron a la prima de riesgo de estos países elevando extraordinariamente el pago por intereses de la misma, incrementando por tanto sus déficits y provocando una recesión al no poder contar con recursos para estimular las mismas (la famosa austeridad) que tuvieron que dedicar cada vez más recursos a su consolidación fiscal y al pago de la recesión que se les vino encima. Por ejemplo de los nueve puntos porcentuales en que cayó el PIB en España entre 2008 y 2013, solo 3,5 puntos corresponderían a la crisis financiera de Estados Unidos de 2008, y el resto de debió a la crisis (autoinfligida) de la Unión Monetaria. Al mismo tiempo estos países que sembraban de dudas a los mercados pudieron obtener una financiación considerablemente más barata (al ser su deuda un activo refugio), lo que en el caso alemán les ha permitido, en un contexto de crisis reducir su ratio deuda / PIB (del 80% en 2007 al 60% en 2017) y pasar a tener un superávit fiscal. Asombroso sin apenas crecimiento de sus economías.

Pero ni el brexit ni el catexit vienen de esa situación. Las tensiones vienen de antes pero la crisis las ha exacerbado. La intención tanto de británicos como de las autoridades soberanistas de Cataluña es parecida. En el caso británico desean salirse de la Unión porque reduce su soberanía, sostienen, en aspectos clave como la emigración, pero desean permanecer en el mercado único. En ese caso, como afirmaron, podrían evitar seguir siendo contribuyentes netos (RU tiene una renta per cápita media superior a la de la UE y aporta fondos en términos netos), pero disfrutar de un mercado en donde su importante sector financiero siga jugando el principal papel y en donde sus empresas puedan mantener el acceso a un espacio de libre cambio. En el caso catalán la propuesta de sus expertos es similar. Cataluña, que tiene una renta per capita superior a la media española (29.000 euros en el caso catalán y 26.000 en el español) contribuye en términos netos porque los ingresos estatales se basan en el impuesto sobre la renta de las personas y en el IVA que suele ser mayor cuanto más renta obtengan las mismas y más transacciones se realicen. Por supuesto su pretensión es seguir en la Unión Europea y como esta tiene una renta per cápita superior a la de Cataluña, en este espacio pasarían a ser receptores netos. Pero manteniendo las empresas (sin deslocalización), y con pleno acceso al mercado único incluyendo el mercado español en donde Cataluña tiene un superávit comercial a diferencia de lo que tiene en el resto del mundo. Qué astucia.

El problema es que ese juego ventajista en ambos casos se puede desbaratar si la Unión Europea entiende que al final este proceso constituye el inicio de la disgregación de la misma y aplica medidas que muestren el elevado coste que políticas y actitudes tan insolidarias pueden acarrear. En el caso británico la actitud firme de la Unión ha puesto de rodillas a los líderes conservadores que se encuentran mendigando un acuerdo favorable que les permita salvar la cara ante su nacionalista electorado ( brexit sí) pero que no acabe generando una recesión en su economía y fuga de empresas de sectores enteros que se torne en un desastre económico y social. Las voces que se están alzando contra el brexit, la descomposición del propio gobierno y la evidencia de las mentiras en las que líderes como Farage de la extrema derecha basaron sus campañas pueden desestabilizar a ese país y economía mucho antes de que dicho brexit siquiera se inicie. El caso catalán debía ser tratado de la misma manera por la Unión y sobre todo por España, lo que parece está sucediendo. A los catalanes se les lleva contando desde hace años una serie de patrañas económicas y sociales que han desembocado en una situación totalmente anómala. Lo que en cualquier otro país sería un movimiento de extrema derecha xenófobo y reaccionario, allí se presenta como el no va más de la democracia y libertades. Ya se han escrito numerosos artículos y libros sobre las mentiras del procés ( Borrell y Vidal-Folch por citar dos autores muy relevantes) y no parece que en esa parte de la sociedad haga ninguna mella, por lo que ahora habría que empezar a aclararles lo que la secesión les va a costar. Esto pasa por un Gobierno que adopte una actitud clara y que se explique ante los atónitos ciudadanos catalanes. Estos han visto cómo tras el 1 de octubre las empresas catalanas están huyendo de una región tan inestable para evitar la perdida de demanda que supone el boicot del mercado español. Pero se ha hurtado un debate que les aclare la situación real de su economía. El PIB catalán representa aproximadamente el 19% del español. Es decir, unos 210.000 millones de euros frente a 1.160.000 millones de euros del total español. Incluso sin el PIB catalán, España seguiría siendo la cuarta economía de la UME (y tras el brexit, también de la UE). Lo que desmonta la supremacista idea de que los españoles viven del esfuerzo de los catalanes. Pero además Cataluña vende en España alrededor del 20% de su PIB y compra la mitad, quedando un saldo de unos 20.000 millones a su favor. Este saldo compensa el resultado negativo frente al resto del mundo por un total de unos 14.000 millones (es decir, que Cataluña importa en el resto del mundo más de lo que le vende o exporta). Esto indica que es justo al contrario, son los catalanes los que viven del mercado español. Como región tiene una renta per capita que es un 17% superior a la media española y una tasa de desempleo que es cuatro puntos porcentuales menor que la media de España (es decir, un 12,5% frente al 16,3%). Esta saliendo de la recesión del 2008-2013 a mayor velocidad que la media española y bajo cualquier indicador que se mire, es una zona privilegiada del país. (Lo que debería hacerles ver lo absurdo de ese pretendido expolio durante siglos. Sería la primera vez que "el país expoliador" acabara siendo más pobre que el expoliado). Y esto es lo que se están jugando, el nivel de bienestar que han alcanzado y tienen. Hay que hacer pedagogía explicando estos datos y añadiendo que solo podría haber una secesión a cara de perro y agresiva. Es decir, una secesión dura como les indicaron los británicos a los escoceses, y que como están viendo ahora los propios británicos implique costes, cuantos mas altos mejor para que este shock lo superemos cuanto antes, y no se contamine a otras regiones de la Unión Europea de renta per cápita superior a la media de la misma y que podrían plantearse el ¿y por qué nosotros no? Las fuerzas que intentan disgregar la Unión Europea son muy poderosas. El fanatismo religioso que mediante atentados está provocando un rechazo de la emigración y la aparición de partidos xenófobos cada vez con más intensidad, incluso en países como Alemania en los que parecían desaparecidos, el populismo que se apoya en propuestas irrealizables pero que suelen atraer a una población desorientada y decepcionada con las políticas de sacrificio, el nuevo nacionalismo que trata de desmembrar los estados actuales en multitud de regiones supuestamente mas homogéneas en raza, cultura, lengua con un imposible objetivo de una vez se constituyan las mismas volver a negociar la unión de todas ellas (de la Europa de los veintisiete a la de ¿cuántas, 45 regiones?), el neoproteccionismo de Trump y las tensiones con la Rusia de Putin, el mencionado brexit que conlleva que por primera vez un país deje la Unión, etc.

Son tiempos de tormenta y aunque existen también señales de esperanza como los intentos de intensificar la unión política de los estados de la UE ( Macron) e implementar nuevas reglas económicas comunes para los países del área euro (garantía de depósitos, supervisión bancaria, emisiones de deuda común, más política fiscal conjunta), no está claro cuáles prevalecerán.

Hoy necesitamos políticos que levanten su mirada de su propia posición y piensen con perspectiva para que esta Unión Europea sea capaz de afrontar el reto de competir (y colaborar) en una economía mundial cuyo centro se está desplazando al Pacífico por la población y el fuerte crecimiento de los países de esa área.

Pero volviendo al punto inicial, los que pensaron que una crisis económica de esta intensidad no deja profunda huella social, es que olvidaron que tras la crisis de 1929 el mundo viró hacia el proteccionismo, surgieron esos ismos que tanto daño han hecho y hacen (fascismo, nazismo, comunismo), y tanto en Europa como a nivel mundial los países se embarcaron en políticas militaristas que desembocaron en los conflictos más serios que hemos vivido (la Guerra Civil en España, la Segunda Guerra Mundial). No atender a las consecuencias de las crisis ignorándolas, lleva indefectiblemente al conflicto. Hemos bordeado el abismo y en España algunos alegremente nos arrastran hacia él. No lo debemos permitir.

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