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OBSERVATORIO

El yihadismo global, una nueva etapa

Noviembre nos ha traído la derrota militar del Estado Islámico, el Daesh, que ha sido expulsado de todas las localidades importantes que mantenía en su poder en Oriente Medio, en zonas vitales de Siria e Irak, donde han conservado durante tres años lo que ha venido a llamar Califato. Han sido derrotados y expulsados, y su sueño del califato se ha esfumado. Atrás quedan tres años de conquistas y victorias del yihadismo que culminaron en junio de 2014 cuando Abu Bakr al-Baghdadi se autoproclamó emir del Califato, en la Gran Mezquita Al Nuri de Mosul, en Irak, exigiendo obediencia a los musulmanes de todo el mundo.

Pero la derrota, que de momento ha sido solo militar, ha tenido gran trascendencia en la lucha contra el yihadismo pues ha quedado afectado gravemente su poder, con numerosas bajas y enormes pérdidas en recursos, y su prestigio, al haber dañado aquella imagen de eficacia y de organización invencible cuando conquistaron en una guerra relámpago localidades importantes en Irak y Siria, en 2013 y 2014. Los efectos negativos sobre la estructura y actividad del yihadismo global en su conjunto son evidentes, y queda por saber cómo evolucionará en un futuro próximo. Su supervivencia dependerá de su capacidad de infundir el miedo a las sociedades a las que agrede. El terror es su principal herramienta.

Un relato en síntesis de la historia reciente del yihadismo global desde el origen de Al Qaeda hasta la fecha, facilitará la comprensión de la más grave y radical amenaza que tiene el mundo musulmán y el occidental, en la actualidad y en un futuro.

Al Qaeda se inicia, en una primera etapa, en Afganistán en 1989, en la fase final de la invasión soviética durante este decenio, en apoyo de un gobierno impuesto por Moscú, cuando Osama Bin Laden, junto a otros dos líderes salafistas yihadistas fundan esta organización con pretensiones de imponer su ideología en este país y extenderlo posteriormente en el mundo. Entonces ya se hablaba de la fundación de un califato universal donde se incluía Al Andalus. En esa época la insurgencia afgana, los muyahidines, reciben el apoyo en armas de EE UU para desalojar a la URSS de este país, en plena etapa de la "guerra fría". Desde 1991 a 1996 Al Qaeda se inicia en la actividad terrorista en la Península Arábiga y países del noreste africano. Y consolida su situación de privilegio desde que en 1996 los talibanes se hicieran con el poder en Kabul, comenzando con la planificación y ejecución de sendos atentados espectaculares, impactantes, contra objetivos occidentales, como los perpetrados en agosto de 1998 contra las embajadas de EE UU en Nairobi (Kenia), y Dar es Salaam (Tanzania), con cientos de personas muertas y gran repercusión en prensa internacional. Pero los atentados que mayor trascendencia y repercusión han tenido en la historia reciente fueron perpetrados tres años después, los del 11 septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington con miles de muertos.

Comenzaba, entonces, una segunda etapa. Como consecuencia de la reacción de EE UU tras el ataque en su territorio del 11-S, Al Qaeda perdió su base operativa en Afganistán refugiándose desde 2002 en Pakistán, con el apoyo de los talibanes de la zona fronteriza, demostrando su capacidad de adaptación y resiliencia para rehacerse ante la adversidad, motivada precisamente por su liderazgo (Bin Laden) y estructura organizativa jerarquizada. Fue el momento de su descentralización en filiales territoriales, autónomas pero subordinadas a la dirección de Al Qaeda Central a través de medios de internet, aprovechados también para una masiva propaganda de adoctrinamiento y consecución de reclutamiento entre musulmanes de todo el mundo. Además, un año más tarde, en 2003, se inicia la guerra de Irak para expulsar a Sadam Husein, que le favoreció por la política posterior llevada por los estadounidenses al imponer un gobierno chií en Kabul que abusó de sectarismo y menosprecio de la mayoría suní de la población, expulsados de la administración pública, funcionarios y profesionales del ejército que acabaron integrándose en las milicias de Bin Laden.

Otra nueva etapa, la tercera, que llega hasta la derrota del Daesh en Oriente Medio y la caída del Califato, que se caracteriza por ser un periodo largo donde el yihadismo atraviesa su mayor expansión y actividad con la aparición de filiales territoriales por la Península Arábiga y el Magreb, que juran fidelidad a Al Qaeda. Además, también tiene lugar un acontecimiento importante para la evolución del yihadismo global, la escisión en febrero de 2014 de esta organización durante la guerra en Siria, surgiendo el autodenominado Estado Islámico, el Daesh, periodo en el que ambas formaciones empiezan a actuar en franca rivalidad. Los atentados proliferan por los cinco continentes, contra naciones musulmanas y no musulmanas. Solo en Europa, por citar los más cercanos a nosotros, desde el ataque sufrido en Madrid el 11 de marzo 2004, son catorce graves atentados. Los de mayor repercusión fueron: Londres (julio 2005), París (enero y noviembre 2015), Bruselas (marzo 2016), Niza (julio 2016), Berlín (diciembre 2016) y Barcelona (agosto 2017).

Y finalmente otra nueva etapa, que se inicia a partir de ahora con la inquietud de ver cómo evoluciona el yihadismo global, donde surgen varias hipótesis sobre su futuro. Es necesario señalar que entre ambas formaciones, Al Qaeda y el Daesh, no existen diferencias ideológicas, nada que los separe sobre el ideario teocrático totalitario, pero sí en los procedimientos a emplear. La aportación del Daesh es el empleo de mayor barbarie en sus atentados y, como seguidores de la doctrina Takfir (la secta más radical del yihadismo, nacida en Egipto en 1969 en el seno de los Hermanos Musulmanes), emplean también su violencia sobre los musulmanes que no siguen su ideario al considerarlos apóstatas, lo que les justifica para su aniquilamiento.

Perdida esta guerra y sin territorio el Daesh vuelve a la insurgencia, con nuevas tácticas y estrategia, y el yihadismo global inicia una nueva etapa. Veamos entonces la posible evolución del Daesh tras su fracaso en Siria e Irak y cómo repercute en la otra organización, Al Qaeda-

Tres opciones lógicas tiene el Daesh y su militancia ante el presente panorama. Una primera, que decida su disolución como grupo yihadista independiente, una vuelta atrás, a sus orígenes, dada la pérdida de su capacidad por falta de recursos materiales y humanos, hipótesis nada probable por dos motivos: la personalidad de su líder (existen graves enfrentamientos entre ambos líderes, Ayman al Zawahiri, de Al Qaeda, y Abu Bakr Baghdadi, del Daesh) y su capacidad de rehacerse ante adversidades, situación ya demostrada en anteriores ocasiones.

Otra segunda opción del Daesh, más lógica que la anterior, es que intente su reorganización y activación en espera de un futuro más propicio, pasando de nuevo a la insurgencia (acciones terroristas y guerra de guerrillas, hostigar y golpear al poder establecido, sembrar terror...) manteniendo su individualidad, refugiándose en zona apropiada para ello, como es, ahora, el desierto en el valle del Éufrates, en la frontera entre Siria e Irak, que parece la hipótesis más probable por conocer el terreno y mantenerse en la zona de donde procede su inicial militancia.

Y una última, para su militancia, el regreso a sus países de origen o la huida hacia otras latitudes: la Península Arábiga (milicias en el Yemen), al Sinaí, donde precisamente milicias del Daesh acaban de perpetrar un terrible atentado en la mezquita de Al Rawdah con más de 300 víctimas musulmanas de la comunidad sufí; o a zona africana, en países donde ya existen conflictos (guerras, pobreza, índice demográfico descontrolado, tráfico ilícitos...) como Libia, Mali o el inmenso desierto en el Sahel.

La situación actual aquí, en el Sahel, ha evolucionado al compás de los acontecimientos habidos en el yihadismo global. Por un lado, Al Qaeda refuerza su posición ante la presión militar emprendida por Francia, en las operaciones Serval (enero 2013-julio 2014), reemplazada por la Barkhane, bajo en amparo de la ONU. En marzo último se reorganizaron los grupos yihadistas dispersos en la zona con vasallaje a Al Qaeda (que han jurado fidelidad a Ayman al Zawahiri), que actuaban de forma autónoma. Una alianza ha agrupado a las organizaciones Al Murabitum (nacido en Argelia en 2013), el movimiento Ansar Dine (que junto a los rebeldes tuareg dominaron el norte de Mali en 2012, creando el Estado Islámico Azaward) y el Frente de Liberación Macina (creado en 2015 en Mali), bajo la dirección de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), al mando del conocido terrorista Mohtar Belmohtar, que ha tomado el nombre de Al Zalaqa, en recuerdo del triunfo de los almorávides en la batalla de Sagrajas (Badajoz), contra las fuerzas cristianas del rey Alfonso VI El Bravo el 23 de octubre de 1086, inicio de la conquista del territorio perdido en Al Ándalus.

Por su parte, las filiales del Daesh, como Boko Haram, que interviene principalmente en Nigeria y Camerún, viene actuando con la misma crueldad que su matriz, a la que ha jurado fidelidad. Además, en Libia, donde después de seis años de revolución, en el caos total tras la muerte de Gadafi, permanece en conflicto con proliferación de grupos armados regionales y milicias locales, convertido en un estado fallido, idóneo para recibir militancia procedente de Siria e Irak. El Daesh, que con ocasión de este caos se hizo fuerte en el norte de este país, con base operativa en Sirte, fue derrotado y expulsado en diciembre de 2016, y su militancia se dispersó en su inmenso territorio, manteniendo su presencia también en los países de su entorno, Argelia, Túnez y zona del Sahel. En la actualidad, el Daesh de Libia, después de unos meses de "silencio" ha realizado dos atentados en una semana, el pasado agosto, en la provincia de Jufra, a unos 130 km. al suroeste de Sirte, con la decapitación de once personas, dando por hecho, en su propaganda, de su reagrupamiento y reactivación en este país.

Es evidente que la amenaza la tenemos cerca, incluso en nuestra propia casa. Habrá que vigilar y estar pendiente de la evolución que toma.

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