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¡Tabú!

Es condición esencial del tabú su carácter prohibido, la imposibilidad de su exhibición pública, su represión. Sobre esto las sociedades no admiten excepciones: está en juego el colapso social total. Por motivos que intentaron aclarar Sigmund Freud o Marvin Harris, ninguna sociedad se ha dado en la Historia sin apoyarse en tabúes relativos al sexo y a la muerte, oscuridades que nunca se desvelan dentro de la propia cultura, y sólo son reveladas desde fuera -mucho después o muy lejos-. Algo en la naturaleza humana exige abordar la muerte y el sexo desde la falsa conciencia. Si usted -varón, mujer, de derechas, de izquierdas, ateo, creyente-, asiente pensando que esto ocurre con todos menos con usted, se equivoca. Si tras leer esta última frase vuelve a asentir pensando que la ha entendido, vuelve a equivocarse: no, no la ha entendido. Y si usted es Jon Sistiaga y realiza para #0 Tabú, programa en donde se dicen desvelar -¡por televisión! ¡chúpate esa, Levi-Strauss!- secretos que la sociedad reprime sobre el sexo y la muerte, debe entender que la ausencia de colapso social total al día siguiente de su emisión prueba que los que ahí se desvelaron no fueron secretos que la sociedad reprime sobre el sexo y la muerte.

Existen verdaderos secretos y secretos verdaderos. Existen falsos secretos y secretos falsos. La sociedad se dota de unas instancias que reprimen los tabúes y otras instancias que fingen desvelarlos. Son dos variantes del mismo proceso. Se prescribe tanto cómo se ha de ser como cómo se ha de ser si no se quiere ser como se ha de ser. La excepción está tan prescrita como la norma, la anormalidad como la convención, el falso secreto como el secreto verdadero. Por definición, lo que se muestre en un programa que se llame Tabú no es el tabú siendo revelado sino el tabú fingiendo ser revelado. Estamos dentro. Simplemente, no hay salida. Falta mucho, mucho después o muy lejos, para poder entender qué cojones -¡tabú!- le ocurrió a la sociedad occidental durante el siglo XX y el XXI con el bendito sexo y la maldita muerte.

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