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opinión

El mariposeo de Macron

Los humoristas de EE UU llevan dos días ordeñando las exageraciones gestuales propiciadas por la visita de Estado de Macron a Trump. El francés, a quien su predecesor Hollande reprocha cierta tendencia al besuqueo, ha aparecido muy sobreactuado. Por su par-te, el magnate, que hace nueve meses se deslum-bró en París, aparenta rendirse ante el único mandatario con veto en la ONU que le hace la ola. Aunque, con su habitual torpeza, se burlase de Macron al cantar que le quitaba "una motita de caspa".

Más allá de esta sucesión de despropósitos, más propia de Sarkozy que del niño mimado de la tecnocracia francesa, cabe preguntarse a qué ha jugado Macron en EE UU, quince días después de ayudar al bombardeo de Siria. Y hay que concluir que su mensaje es simple y se enmarca en su pretensión de situar a París en el perdido centro del tablero geopolítico: sólo él está en condiciones de devolver a Trump al redil del multilateralismo y la cooperación. De ahí ese acuerdo sorpresa con la Casa Blanca para reformular el pacto nuclear con Irán. La jugada -mejor renegociar que dejar a Trump hundir el tratado-, recibió ayer el más claro rechazo del resto de los firmantes. Pero sin duda Macron la considera un buen inicio.

A decir verdad, con su propio país hirviendo contra sus reformas neoliberales, el francés parece fascinado por una coyuntura exterior que estima favorable. Reino Unido, el único aliado al que tal vez Trump respete algo, está absorto en su braceo en las aguas del "Brexit". Y la máquina alemana, mucho menos entregada de lo que Macron suponía a la reforma de la UE, necesita tiempo para engrasar la reeditada "gran coalición".

Con esa perspectiva, la sobreactuación de Macron se hace sospechosa de oportunismo. Y hasta deja pensar si no habrá que darle la razón a Oliver Stone cuando, ayer mismo, daba su valoración de esta visita: "muy deprimente".

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