Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

PUNTO DE VISTA

La manada

Suena de fondo la música inolvidable de El hombre y la Tierra, aquel fantástico programa de naturaleza del gran Félix Rodríguez de la Fuente, mientras la neblina se va levantando lentamente en la alta montaña, donde unas ovejas pastan tranquilamente, ajenas al hecho de que su perro guardián, el gran mastín, ha entrado esa noche pasada en su último sueño.

Una joven dialoga con su madre sobre el plan que tiene para celebrar su reciente entrada en el mundo adulto:

- No sé, María, no me gusta nada esa excursión a Pamplona con motivo de los sanfermines.

- Pero, mamá, si vamos todas: Mª_Fe, Cari y Espe.

- No se os ocurrirá poneros a correr delante de los toros.

(La batalla está ganada, la madre se ha puesto en el lugar de su hija y ha cedido esperando tan sólo que no le pase nada, intenta negociar al menos que no corra demasiado peligro).

- Qué va, mamá, si vamos sólo por la fiesta... a pasarlo bien.

- No sé, no sé qué dirá tu padre.

Mientras tanto la manada se acerca lentamente, con una estrategia aprendida en el largo invierno, buscando en el rebaño alguna oveja separada del rebaño, alguna cría que no sepa defenderse.

María se ha quedado con un grupo plamplonica, que apenas acaba de conocer; su amigo estaba cansado tras pasar todo el día de bar en bar tomando chupitos y ella quería seguir, animada por los vapores del alcohol y la cafeína del calimocho. De repente todos se van para casa y ella se queda sola apoyada en una barandilla. Está confusa y no sabe exactamente dónde se encuentra y dónde está el coche donde duerme su amigo.

Uno de los lobos la detecta, se acerca a ella con la estrategia repetida en tantas ocasiones:

- Hola, ¿eres de por aquí?

- No, he venido a pasar las fiestas.

(La estrategia ha funcionado, ya sólo es cuestión de tiempo rematar la faena).

- ¿Cómo es que estás sola?

- Mi amigo se fue a dormir al coche, pero no sé dónde está para ir a buscarlo.

(La ingenua de María revela al lobo su indefensión e inocencia).

- No te preocupes, te ayudaremos a buscarlo, mira ahí viene un amigo: "Prenda, ven, que vamos a ayudar a esta chica".

María no sabe si el grupo de "amigos" (4 o 5 porque el alcohol no le deja precisar demasiado lo que percibe) son en realidad ovejas o lobos disfrazados, parecen simpáticos y amistosos, alguno incluso intenta ligar y le da un beso, ella se deja, le pasan la mano por el hombro, la acompañan por las calles de Pamplona, buscando...

Momentos más tarde la manada se vuelve jauría, han conseguido introducir a la joven en un portal, lejos de la vista de la gente que pudiera ayudarla, se lanzan a por ella arrancándole la ropa y dejándola en estado de shock, totalmente indefensa. María cierra los ojos, intuyendo apenas lo que va a pasar a continuación y no tiene fuerzas siquiera para defenderse, sólo espera que todo pase rápido y que no le hagan demasiado daño.

Unos jueces visionan el vídeo de los hechos, mientras rebobinan varias veces comentándolo, y uno de ellos quizá piensa que no es demasiado diferente de las películas porno. Se fija en que la joven no parece sufrir dolor, que nunca ha dicho que no quería, porque no le han preguntado si quería o no ser vejada de esa manera, tampoco le han preguntado si era menor, porque ya no lo era y a la manada le importaba un bledo.

Los jueces consideran que condenar a unos jóvenes a más de 20 años en la cárcel es demasiada responsabilidad y que es mucha carga de conciencia interrumpir cinco vidas por tanto tiempo, por más que sean unos guarros y unos insensatos a quienes no les ha importado destrozar una vida.

Porque eso es lo que ha pasado. A María nadie la ha instruido para que diga que no, a que se rebele, a que grite y se exponga a que le peguen o la maten, nadie la ha enseñado a resistirse, a no fiarse de unas fieras disfrazadas de amigos esa noche que ha marcado para siempre su vida. María será probablemente una paciente psiquiátrica para el resto de sus días.

A María además le han "hurtado" el móvil, para que no pueda llamar a la policía, para que no pueda comunicarse con su amigo, para que se encuentre indefensa. Le han hurtado el móvil, la dignidad como ser humano y la salud mental. Pero, claro, eso en el Código Penal apenas cuenta.

Y mientras sigue sonando la música de El hombre y la Tierra, me pregunto: ¿cuándo van a cambiar la ley para que se considere violación también el abuso no expresamente consentido, en condiciones de clara inferioridad? Porque por desgracia es muy difícil que los violadores se rehabiliten y a muchos de ellos una temporada corta en la cárcel no les asusta lo suficiente. ¿Pueden los lobos renunciar a su naturaleza sanguinaria?

Compartir el artículo

stats