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Breverías 47

Islandia está de moda. En tertulias y foros políticos se cita dicho país como ejemplo de lo que puede alcanzar un estado democrático bien administrado. Pero no siempre ha sido así.

En el año 2017 Islandia terminó de pagar al Fondo Monetario Internacional el préstamo que en su día salvó al país de la bancarrota tras la crisis bancaria, agravada en la pequeña nación por la codicia y temeridad de sus dirigentes, que por cierto fueron debidamente castigados, los presidentes de los bancos con penas de cárcel, y los políticos con inhabilitación.

También consiguió mantenerse fuera de la Unión Europea, y así eludir las cuotas de pesca a las que se hubiese tenido que someter, conservando de este modo los privilegios de su principal industria, que junto al turismo le garantiza su estado de bienestar.

El 1º de enero del 2018 pudo entrar en vigor la ley de igualdad de sueldos para hombres y mujeres, posible gracias a las generosas políticas sociales de guarderías y permisos de maternidad aplicables también a ambos cónyuges. Sintomáticamente dicha medida fue aprobada ostentando asimismo una mujer la presidencia del país.

Todo esto está muy bien, pero en las comparaciones con grandes potencias, a las que se les recrimina no emular el ejemplo de Islandia, cabría remarcar que el país no viene a representar al fin y al cabo, con sus 330.000 habitantes, sino una comunidad de vecinos, cuya dimensión les ha permitido conservar su riqueza pesquera y su estatus singular. Y a cuya modesta escala se debe también cierta condescendencia por parte de las naciones acreedoras. Salvando las distancias, la situación podría recordar el chiste del potentado que le está rezando a la Virgen para que le facilite un negocio millonario, y para quitarse de encima a un pordiosero que reza a su lado, le da unos billetes, espetándole: "Tome buen hombre, y por favor no me distraiga a Nuestra Señora".

En los años 70 se publicó un libro del economista Dr. E. F. Schumacher titulado Small is beautiful ( Lo pequeño es bello), subtitulado "Un estudio económico, como si la gente importara". Las tesis que defendía, y que causaron gran impacto en la comunidad del mundo occidental, se apoyaban en la superioridad de pequeñas unidades de trabajo, asociaciones comunitarias y "tecnología intermedia" utilizando mano de obra y recursos locales.

Sus teorías fueron posteriormente validadas, tanto en la India como en Sudamérica, con iniciativas de mediana envergadura, con financiación mediante microcréditos y proyectos a escala humana, alejados de apuestas gigantescas o de alta tecnología.

Quizás esté siendo algo duro con Islandia, pues parte del éxito en la recuperación de su economía tiene también que ver con las tesis de Schumacher, aliadas con la fortuna de unos recursos locales importantes. Piénsese que el pequeño país es energéticamente casi independiente, gracias a sus fuentes geotérmicas e hidroeléctricas, que cubren el 80% de sus necesidades. Y encima dichos recursos son aprovechados para su segunda industria, el turismo. Ningún turista que se precie dejará de sumergirse en pleno invierno en la laguna azul, con sus aguas medicinales humeantes, calentadas desde las entrañas de la tierra.

No me importa, pues, rectificar: ¡enhorabuena Islandia! Que nunca las mañas pierdas.

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