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La Provincia - Diario de Las Palmas

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opinión

Episodios y lamentable ITV

Aún no se secaron y arriaron las velas del bote de nuestro naufragio y ya se está pensando en cómo cortar las nuevas e izarlas sin saber todavía quiénes serán su patrón y tripulantes a bordo. Porque, eso sí, aunque contra viento y marea tendrán que ser izadas, aunque sea acompañadas de las mil y una maldiciones del personal por cuanto, lo que al principio se presumía con mejores horizontes de organización, orden rector y composición de equipo deportivo, ha resultado ser un bluf final con episodios que han descorazonado a esta parroquia como a cualquiera otra al ver caer un castillo de ilusiones prematuramente construido.

Después de aquella cataplasma del fatal día del Córdoba, y agarrada otra arrancadilla de prometedora reorganización, hubo quienes soñaban hacer equipo grande, llenar el Estadio a tope y comenzar a exigir, siquiera sea como compensación al material humano que desde años viene aportando esta tierra a la selección nacional, rebautizada últimamente como 'la roja', restándole parte del respeto y afecto que le tienen los aficionados y los jugadores de cualquier rincón español que fueron elegidos para su representación. Entre ellos haríamos larga la lista de hombres y botas isleñas que le dieron y sigue dando lustre al bloque común. Y por no dejar estancado el hilo internacional con este empiece aprovechemos, aunque no sea en momento feliz, para recordar que no es esta la primera, ni será la última vez que en nombre de tradición tan reconocida, despertemos en las cabezas federativas nacionales el modo de incluir de una vez a Canarias en el calendario de partidos internacionales absolutos: no folclóricos, ni meros ensayos y envites amistosos, como han venido haciendo tardamente, sino jugándose clasificación entre naciones FIFA, de las que, dicho sea de paso, ¡solo una formal y de clasificación para un Mundial tuvo desarrollo aquí en toda su historia! Tirando del recuerdo fue el 19 de octubre de 1972 contra Yugoslavia con resultado de empate (2-2). Bien presente que lo tenemos porque aquello trajo tanta pena como alegría.

Pena porque aquel día Ladislao Kubala, seleccionador, seguro que sin razón y contra corriente, no contó con Germán Dévora para que jugara en su tierra por España en el recordado Estadio Insular donde él fue profesor durante toda su carrera. Jamás quiso alejarse de su verde césped, al que quería mucho, tanto como las cabras salvajes del Guguy marino-aldeano quieren a los cuatro brotes verdes de sus despeñaderos silenciosos. Tanto los quieren que, antes de perderlos huyen alocadas hasta que las matan a tiros. La cosa, pues, está mal repartida porque, o nos sobran cabras en el campo y nos falta el verde, o es al revés. ¡Fuerte fútbol del diablo! Nunca tienes a quien echarle toda la culpa con razón.

Hasta ahí es el pesar que decía por el susodicho internacional, y por la otra parte, la de la alegría y hasta honor, llegó porque esa misma jornada era, y sigue siendo, la única de carácter mundial y absoluta celebrada aquí, y, curiosamente, todavía la única narrada para toda España desde Canarias. Y, modestamente más significada aún, porque la compartí a medio tiempo cada uno con el todavía reputado como mejor narrador de estos eventos, don Matias Prats Cañete, cuyos hijo y nieto han venido ocupando hasta ahora la tribuna que él tanto dignificó en nuestro pais.

Ese es, digo (el España-Yugoslavia) el único choque de este tipo puesto en manos canarias, y nos induce recordarlo como autorespeto amortiguando las palizas emocionales dadas a una UD actual ahogada de rabia y desencanto al quedar ahora mucho más por debajo del ombligo que prometió superar. Los diagnósticos fallados están refunfuñados en larga fila por la afición, y las medicinas, aún administradas con buena intención sentimental, acabaron trayendo más veneno. ¡Este fútbol! En él ves un claro que te exonere un poco de algún pecado y acaba ejerciendo de negro túnel. Como ejemplo el Barça, que pierde la Champions y se conforma con algo que, decía, era mejor, o sea, aquello de seguir erguido mirando despectivo toda una temporada y a todo rival sin que nadie le descorchara como a un brut cualquiera. Pero llega el otrora Levante del 1-0 a quien no hace mucho la UD mereció ganar en su casa, y plantado chulo con el 'Comandante' Morales al mando de su tropa, también azulgrana, no solo le descorcha sino que a lo bruto lo "quinto-descorcha" (5-4) estropeándole la conformista excusa.

Mientras, aquí, buscando soluciones de míseros puntos seguimos a saltos de canguro en un damero a lo loco, hablando en todos los tonos, cambiando órdenes y protagonistas, apurando el paso por la Primera a la que aun pertenecemos hasta este sábado aunque solo sea de cuerpo presente. Así lo veremos. Lo veré como vi el anterior al que llegué triste y no me marché llorando de puro orgullo recordando que, lejos de llorar y tumbado, mejor será permanecer en pie y aguantando inquieto porque ¡qué difícil y largo será volver!

¡Nunca se tiene tanto tino como aquella primera vez que vine en 1951 con toda la gente que, además, era de casa, de lo que cada vez se ve menos! O como aquellas otras cuatro subidas a Primera en una de las cuales quedando solo a un pelo de tocar el cielo como el equipo mejor de toda España, con solo el Madrid por encima, y en otra al revés no estando en Primera sino más abajo, a solo otro pelo del charco de Tercera. Y todo eso con criterios peleados, como ahora afrontando el pleito de procantera pura, o la ensalada de importaciones de otros pueblos y razas, porque, eso sí, tuvimos de todo: de Hungría, Francia, México, Inglaterra, Argentina, Paraguay, Colombia, Brasil y no sé de qué pequeños pueblos peninsulares. Vale la pena recordar y destacar que la que más alto llegó y todavía es nuestro tope de mérito mayor conseguido, fue en 1968-69. La mejor clasificación isleña con más canarios cuyos principales intérpretes de la corta plantilla de catorce enmarcados en la pagina 134, de un pequeño libro que tengo más que escrito tatuado en la memoria fueron: León, Gilberto II, Castellano, Guedes, Niz, José Luis, Martin II, Oregui, Germán, José Juan, Lo, Gilberto I, Aparicio y Tonono tutelados por Luis Molowny casi como padre joven.

Ahí sigue aún el galardón de los futbolistas aquellos que despertaron mi primer motivo para escribir un pequeño libro homenaje perpetuando en él todo cuánto tiene de épico. Todavía emociona ver ahora a los supervivientes (porque les vemos cuando nos tropezamos) canosos o calvos, arrugados o cojos, y más aún cuando, en 2008, o sea 40 años después de la hasta ahora inigualada conquista que habíamos vivido juntos, llamé por escrito o teléfono uno a uno a cuantos todavía vivían para redondear el latido real del libro. Y, ¡créanme!, acudían desde sus casas y pueblos alejados o cercanos a los jardines del Hotel Madrid atendiendo a la llamada, abrazándose entre ellos porque vivían para contarlo, y casi llorando al recordar la ausencia de los ya fallecidos entonces de la plantilla (Juanito Guedes y Tonono). El 'librito' tiene como origen una conferencia oída por un aficionado, constructor, Enrique Sánchez Romero, que se empeñó en que aquello se convirtiera en libro, y como libro queda teniendo como germen curiosas condiciones que contar y prometo contarlas. Pero otro día. Hoy no porque antes de que caiga el telón de una nefasta temporada quiero contar que fui oyente testigo de un rifirrafe encendido entre dos jóvenes canarios, sin que se dieran cuenta de mi vigilancia de oyente. Por el carácter de sus alegatos deduje que eran estudiantes con opuestas reflexiones, como opuestas serán las de diferentes núcleos de seguidores de todo tipo, grandes y chicos, alterados o serenos.

Uno, alto y sin freno, hablaba mal de su equipo, justificaba y aplaudía por las ausencias de aficionados, profería insultos contra aquellos a quienes antes por defenderlos se quedaban roncos. De verdad que esgrimió su descontento con razón de bocas afuera. "¡Qué más quieres, ya ves así tenemos la peor entrada!", acababa diciendo.

"¿La peor?", argumentaba como respuesta el otro chico sereno, que seguía diciendo: "Yo creo que ésta no es la peor sino la mejor entrada, la que lo vive teniendo más entusiasmo aunque menos dinero. La peor es la otra que dejó de venir, volvió la espalda y quedóse fuera diciendo 'que por ahí te pudras'. Y que ausente poco puede hacer el que grita y ruge porque no sabe aguantar, viene a ganar y grita y alienta para sacar rendimiento a su gasto y su gusto. Ambos, para él, son cuando más difíciles más especiales". ¡Vaya conversación! Eso se decían. Tengo curiosidad por tanto ahora cuando el que llega es el desconocido Girona, qué entrada es la peor o la mejor pensando que sacarían más provecho juntas.

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