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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Vuelva usted mañana

Un chalet, una hipoteca, viva nuestra clase obrera

Pablo Iglesias se ha comprado un chaletito en la sierra, su dinero le ha costado, con hipoteca y lo dado, cien millones de pesetas se ha gastado el tío más progre, el más locuaz de Vallecas, el que a los ricos persigue y a los bancos menosprecia, pero rendido a sus pies, ahora cuando le interesa, un préstamo les suplica, aunque la Caja que presta sea proclive y amamante a los de la independencia.

¡Ay, Pablo! que te has pasado con armas y con bagajes a los gustos lamentables de la mesnada burguesa. ¡Ay, Pablo! que en Venezuela eso está bien y se lleva, pero en España la gente es rencorosa, recuerda, es envidiosa y anhela ver en tu cuello la cuerda de la infamia y la vergüenza. Pablo, con lo que tú eres, el adalid de la izquierda, la rosa de cuatro vientos que este barco de la España a todos nos endereza, con tu palabra y tu morro, digo cara, digo mejor tu entereza, tu figura y tu destreza para convertir el pan en vino y el mensaje en pura jeta. Ya se me ha ido la lengua y sin querer he zaherido tu sensible faz obrera. Cuánto lo siento don Pablo, propietario de alta gama, envidiado en la derecha que no entiende, ni discierne que no es lo mismo ser progre y vivir cual la realeza, que reaccionario, aunque pobre y faccioso sin cartera. Tú eres del aparato, de la vanguardia en cabeza de los parias que te votan y te pagan la hipoteca. Así, con un par de riles, con plañidos lastimeros que a tus huestes siempre afectan, aunque esta vez el mosqueo se nota y muchos piensan que vivir entre algodones y soltar menudas letras es un engaño, una mofa, una guasa y una ofensa. Qué horror que piensen y sientan los pobres que tú abanderas; algo habrá que hacer con ellos si se rebelan y vetan al líder de aqueste siglo, del escaño y la coleta, tanta libertad no es buena. Ya lo dijo aquel Stalin, demócrata de tu escuela, el de Siberia y el gulag, la alegría de la huerta. Que pregunten en Ucrania, que allí bien que lo recuerdan.

Doña Irene, la Montero, la de la palabra tiesa, envarada en sus discursos a velocidad inversa al raciocinio exigible a quien estudios profesa de sicóloga moderna. La Montero es imperfecta en su perfección y presta consejos a todo el mundo, a multitudes enseña la revelada verdad, la mejor, la que es la buena. Y desde el púlpito noble cada semana transita de lastimeros sollozos a centenares de enmiendas. Hoy protege a los okupas que las casas solariegas de los bancos, de los duques, de los condes y condesas hacen suyos por decreto o porque entrándose en ellas, sin pagar la luz o el agua y ni siquiera la renta, les viene como al dedillo vivir al lado de esta, ahora ya la más gentil y enamorada pareja, la proletaria promesa que muestra que sin dar golpe o con tres o cuatro ideas, se puede llegar bien alto. Vivir en La Moraleja rodeado de compadres, de morados circulitos y banderas es tan fácil como darle sin mesura a la viperina lengua.

Los colegios de la zona son carmelitas, maristas, de buena cuna la escuela. Qué desvelo de esos padres de una izquierda que perora todas las palabras bellas para una cosa y la otra, para reírse del mundo y mofarse de las bases que pagan sus hipotecas. Cien milloncejos de las de antes inolvidables pesetas los tiene ya todo el mundo sin salir de la pobreza. Las vanguardias de la lucha algo más, porque pelean, que son élites y tienen, con el otro, el Espinar que se lleva o se llevó, no me acuerdo, otro buen pico con los líos que liaron de las sociales viviendas. Repartir entre la plebe es de mal gusto, te miran con esa torva mirada envidiosa, esa caterva engreída que se toma los discursos tan casi al pie de la letra que parecen aprendidos y no entender diferencias entre el rico que les roba y el progre que se les ríe, les calienta los caletres y encima les ningunea.

Iglesias y la Montero han subido ya de escala y en la casta se han metido, ya son conde y su condesa. Ahora van tras la realeza en su corte montañesa, una corte sin ancestros, una dinastía nueva, una familia señera, declarada independiente de corbatas y chaquetas, con piscinas, bien es cierto, pero también el Maduro las tiene y no se apenan ni sus votantes de pega, ni los que si votan duermen a la luz de las estrellas en el raso de un penal o en la cola, en la frontera, para comer ese día lo que en Colombia les dejan. Aquí van por buen camino la Irene, con Monedero, con Iglesias y Echenique y su cohorte de jetas. Un chalet en las afueras para cada circulito y a vivir que son dos días y sin pagar la hipoteca, que eso de pagar a bancos es de mal gusto, no cuela, lo que mola es ser deudor y que paguen los de siempre, las derechas. ¡Ay, por Dios! Si ya se han hecho de ellas.

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