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La mirada femenina

Mujer de carne y hueso

Todo empezó porque dijisteis que la perra era mía y que yo debía ocuparme de ella. Os pedí que de vez en cuando la sacarais a pasear, o que entendierais que si la sacaba yo tendría que desatender otras cosas y que necesitaba de vuestra ayuda. La perra es tuya, respondisteis. En realidad sé cuánto la queréis y lo contentos que estabais de que hace un año la adoptásemos.

La perra nos necesita a todos. Necesita varios paseos al día porque es una perra grande y activa. Además los animales requieren de caricias y mimos y de muchos cuidados.

Ya sé que sois niños y es normal que vayáis a la vuestra.

Yo tampoco supe ponerme en la piel de mis padres algunas veces. Sólo faltaría que ahora no fuera capaz de entenderos. Pero sabéis, me doy cuenta de que aunque ellos no me lo dijeran a veces necesitaban palabras de valoración y aliento porque yo también las necesito. No es que quiera que seáis los típicos niños repelentes que quieren quedar siempre bien con los mayores. Me encanta que seáis naturales y sinceros. Eso no debéis perderlo nunca, pero de vez en cuando algo de ayuda y agradecimiento nos sentaría bien a todos.

Yo estoy agradecida porque sois chicos sanos, inteligentes y creativos. Y doy gracias por ello cada noche. Pero si además pudierais ayudarme un poco más en casa, en el día a día, podría relajarme un poco y estar más tranquila con vosotros. Hasta tendría ganas de jugar a los soldaditos de Nilo.

Las madres hacemos de cocineras, de asistentas, de chóferes, de enfermeras, de coordinadoras de actividades, hasta de cuentacuentos y sicólogas. Simplemente con no dejarlo todo tirado sería un buen comienzo.

Si de vez en cuando pudiera salir de vosotros alguna iniciativa? Ya sois mayorcitos y aún os tengo que perseguir para todo; para comer, para dormir, para levantaros, para estudiar, hasta para asearos, poneros la crema o lavaros los dientes.

A veces pienso ¿cómo es posible que no salga de ellos con lo espabilaos que son para otras cosas?

Como cualquier madre separada, he tenido que luchar mucho para que aceptarais mi autoridad y más siendo chicos como sois. Y que entendierais que hay que respetar a todo el mundo, independientemente de su condición o género. El machismo nace en la infancia y también hay que erradicarlo en ella. Si no, luego es muy difícil pararlo. Yo he intentado transmitiros todo eso lo mejor que he sabido. Cuando me decíais que hacías más caso a los profesores que a las profesoras. O que los niños eran mejores que las niñas. Yo insistía en la importancia de respetar a las mujeres, de valorarlas y apoyarlas.

Una madre no es sólo alguien que te trae al mundo y por ello está obligada a ponértelo todo fácil. Una madre es una figura importante en la vida. Debe hacerte reflexionar y plantearte las cosas. Por ello su figura te determina como individuo. Pero ante todo es una mujer de carne y hueso que también siente.

Sabéis que tenéis todo mi apoyo pero yo también a veces necesito el vuestro. Necesito ver que no sólo estáis dispuestos a recibir sino también a aportar algo. Y que esa sea vuestra forma de funcionar siempre con todo el mundo.

No quiero obligaros a ser otra cosa que vosotros mismos.

Por eso insisto tanto en que estudiéis para ser más libres porque sé que el conocimiento os dará alas.

Me hubiera gustado inculcaros algunos valores religiosos no porque yo sea una beata sino porque a veces en la vida uno se siente completamente perdido y la fe es lo único a lo que poder aferrarse. En realidad, es de lo más útil y completamente gratuito que tenemos a nuestro alcance.

Espero que algún día encontréis la manera de conectaros con vuestra espiritualidad y que no os limitéis a una visión materialista de la vida porque los materialistas siempre tienen la sensación de que les falta algo.

Lo que queda escrito de alguna forma es imperecedero. Y la vida pasa muy rápido. Tal vez un día leáis este texto, ¿quién sabe?

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