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¿Qué apostamos?

Responda rápido, sin pensarlo, con lo primero que le venga a la cabeza: ¿qué le sugieren las palabras "apuestas" y "televisión"? Sólo hay dos posibles respuestas que ha podido decir, y permiten clasificarle sin error posible como un baby boomer -aquella generación que apareció al calor de la explosión de la natalidad entre la década de los sesenta y de los setenta- o un millennial -este grupo de homínidos que llegaron a la adolescencia coincidiendo con el siglo XXI vinculado identitariamente a los smartphones y los zumos détox-. Si para usted "apuestas" y "televisión" le trae a la cabeza a Ana Obregón y a Ramón García en un programa de La 1 al que iba gente capaz de saberse de memoria la guía telefónica de Cuenca, entonces, no le quepa duda, es usted un baby boomer, y le sorprenderá mucho saber que existe otro grupo de espectadores para los que las apuestas en televisión no tienen que ver con Anita Obregón tomando una ducha fría, sino con anuncios publicitarios de casas de apuestas en las que poder jugar desde el móvil, especialmente ahora, durante el Mundial de Rusia.

Porque ésta es la segunda posibilidad. Nacidos entre las sombras de las teletiendas de madrugada, los anuncios de apuestas por internet han tomado por asalto el prime time aprovechando el caballo de Troya de los partidos de fútbol televisados. Las consecuencias sociales que está provocando entre los jóvenes esta nueva forma rápida y fácil de perder dinero -y, en menor medida, ganarlo-, está sorprendiendo a los expertos, y parecen indicar que en el futuro este tipo de publicidad tendrá regulaciones parecidas a las que hoy en día afectan al alcohol o al tabaco. Si usted, ante las palabras "apuestas" y "televisión", ha pensado en José Coronado y en las empresas de juego online, entonces usted es un millennial y muy probablemente conoce a alguien que se ha metido en pequeños problemas por haber realizado apuestas deportivas. ¿Que no? ¿Está usted seguro? ¿Qué apostamos?

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