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reflexión

Una esperanzadora sensibilidad

Que el nuevo Gobierno socialista tiene una sensibilidad humanitaria más acentuada que el anterior Gobierno del PP es un dato que ha demostrado la actitud que ha expresado ante esa tragedia humana que suponen los 629 migrantes recogidos por el Aquarius, ese barco fletado por la ONG francesa SOS Méditerranée y que ni el Gobierno populista y xenófobo de Italia del Movimiento 5 Estrellas y la Liga, ni el de Malta han querido recibir en sus países, condenando a su carga humana, entre la que se encuentran 213 niños, a vagar como un barco fantasma por el Mediterráneo occidental con su carga de desheredados de la fortuna y damnificados por las guerras y la pobreza.

La inhumanidad de la torticera política del Gobierno del PP, presidido por ese gran humanista que fue el señor Rajoy, quien con la boca grande decía que sí a todas las medidas a favor de los migrantes que se disponían en la UE y con la pequeña hacía lo contrario, quedó clara con su política migratoria. Baste recordar lo que ocurrió con la decisión de varias ciudades españolas, como fue el caso de Valencia, para aceptar e integrar a los migrantes del conflicto sirio en nuestro territorio y que el Gobierno central del PP, que tenía en sus filas a tantos y tantos democristianos, finalmente no autorizó. (Es cierto que en este caso a última hora el presidente de Galicia y el ayuntamiento de la ciudad de Málaga, gobernado por el PP, se han desmarcado de esa actitud de su partido y aceptan recibir a los del Aquarius en esa autonomía y esa ciudad. Lo que, sin duda, les honra).

Esa política inhumana y excluyente no ha sido continuada por el actual Gobierno socialista de Sánchez y es sin duda un dato más de que algo parece haber cambiado en nuestro país con la llegada del nuevo gobierno. Muchos ciudadanos esperamos que no sólo sea en esto sino que se continúe por ese camino cumpliendo varias más de las promesas de esa naturaleza con que ha llegado al poder el partido socialista.

No es sólo una cuestión de humanidad, que también, sino del cumplimiento de derechos humanos promulgados y vigentes como el derecho a ser asistidos, según establecen los convenios internacionales, ante un inminente peligro de supervivencia en el mar. Es, además, una decisión con una profunda carga simbólica. Ante una Unión Europea en crisis en la que la ultraderecha populista comienza a demandar políticas racistas y xenófobas, como es el caso de la Italia gobernada por esa clase de partidos, defender los derechos y valores humanos que han constituido, al menos teóricamente, los supuestos sobre los que se ha levantado edificio de la Europa unida, frente al neoliberalismo rampante que ha dado carta de naturaleza al capitalismo anglosajón y ahora, incluso, el populismo de derechas que defiende Trump, la decisión del Gobierno español de apostar decididamente por los peregrinos del Aquarius es una muestra inequívoca de que nuestro gobierno opta por una Unión Europea que vaya más allá de la Europa de los mercaderes. Esa Europa hacia la cual se había orientado la entidad supraestatal hasta que desgraciadamente la gran recesión hizo surgir y reverdecer los populismos de extrema derecha. A una Europa con esa clase de valores, ideales y políticas pueden, sin duda, apuntarse y apoyarla los ciudadanos progresistas que forman parte de sus estados.

Por eso no sólo debemos recibir y dar auxilio a los inmigrantes del Aquarius, sino también concederles el estatus de refugiados y proporcionarles los medios necesarios para que finalmente puedan integrarse en nuestro país. Del mismo modo que nuestro Gobierno debe abanderar y defender en los organismos de la UE que se apliquen políticas migratorias europeas de esa naturaleza frente a la deriva xenófoba y racista de gobiernos (no de opiniones públicas) de países de gran tradición humanística y social como Italia (¡qué vergüenza!) u otros que mantienen políticas y actitudes similares como algunos estados nórdicos o del Este.

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